El impacto del fuego en el chaco boliviano y paraguayo

Encuentro Binacional “Pueblo Ayoreo sin fronteras”

Por Damian Andrada

Las comunidades de Paraguay y Bolivia se reunieron para discutir las problemáticas de los ayoreos en ambos países y los efectos de los incendios en la región del chaco. Mostraron una especial preocupación por la situación de sus hermanos en aislamiento voluntario que habitan en el bosque seco y hasta el momento no se sabe cómo los afectó el fuego.

– Sin los papeles de la movilidad no pueden pasar.

La policía de la frontera del Estado Plurinacional de Bolivia informa a la delegación lo lógico: uno de los tres minibuses no trajo ningún papel y no puede cruzar al Paraguay. El calor del chaco calienta el asfalto. Los perros llenos de garrapatas respiran con la lengua afuera. La temperatura alcanza los 40 grados y la gente entra feliz a hacer Migraciones bajo el aire acondicionado.

– La ley 450 protege a los pueblos indígenas que viven en un alto grado de vulnerabilidad y marginalidad. Esta ley hace un llamado a los funcionarios públicos a asumir medidas de acción positiva y correctiva que permitan garantizar el ejercicio de sus derechos humanos y colectivos. Les voy a pedir que haga todo lo posible para que nuestros hermanos y hermanas puedan llegar a su Encuentro Binacional – pide la técnica de la Central Ayorea Nativa del Oriente Boliviano (CANOB), Roxana Melgar, y logra que una hora más tarde los tres minibuses avancen por las rutas paraguayas.

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Fernheim es una comunidad menonita fundada en 1930 por refugiados rusos que llegaron a Paraguay escapando de la persecución estalinista. Su centro administrativo es la ciudad de Filadelfia y se la conoce como la capital del chaco paraguayo. Entre sus actividades económicas está la exportación de carne, sésamo y maní, y la empresa de leche Coop. Las tradiciones menonas llegan al supermercado. No se venden ni alcohol ni cigarrillos; los pasillos blancos, silenciosos y sin vicios recuerdan al mercado de Gilead.

A cuatro kilómetros de la ciudad de Filadelfia se encuentra la comunidad ayoreo Guidai Ichai, que significa “Tierra nueva” en castellano. Entre las tres canchas de voley y los palos borracho (“toborochi”, como lo llaman en Bolivia o “samu'u”, en guaraní), conviven alrededor de 400 habitantes. La delegación boliviana llega el mismo día del partido de ida entre Boca y River por la Copa Libertadores. Los indígenas miran el superclásico tomando tereré. Desde la letrina se escuchan los aplausos cuando el árbitro brasileño marca el penal. Salvo por el de la camiseta xeneize, la mayoría parece inclinarse por el equipo local.

– Cuando vaya a la Argentina, lo primero que voy a hacer es visitar la cancha de River – cuenta un ayoreo, mientras los periodistas eligen al uruguayo Nicolás De la Cruz como el jugador del partido.

Los efectos del fuego

Los ayoreos viven en los bosques secos de la chiquitanía y el chaco. Existen 22 unidades de vegetación y varias de ellas necesitan del fuego para regenerarse. Sin embargo, el cambio climático y la acción del hombre han provocado que este año los incendios se hayan salido de control. Además, esta región sufre de estrés hídrico (es decir, cuando la demanda de agua es mayor a la disponible) y la sequía impactó de un modo mayor.

Miguel Ángel Fernández viste una bandana roja y acullica su bolo de coca. Nadie pensaría que es un biólogo que trabaja en cartografías y gestión territorial de pueblos indígenas. El especialista explica que es raro que se haya quemado el chaco hacia el lado paraguayo. Generalmente el fuego se inicia cerca de los potreros de los empresarios que van a cambiar de pasturas, pero no en estos sectores del bosque.

Lo que afecta a los ayoreos es que ellos viven del monte y se alimentan de la carne de animales silvestres como el chancho tropero, la peta (como llaman a la tortuga), el jochi (un roedor gigante) y el tatú. En esta región también vive el catagonus wagneri, o “chancho solitario”, un cerdo muy grande que alcanza los 60 kilos y está en peligro de extinción. De más está decir que el fuego agrava su situación de conservación.

– El problema de los indígenas en aislamiento voluntario es que son nómadas y van moviéndose en el bosque buscando recursos. En Bolivia, los ayoreos no contactados tienen 1.900.000 hectáreas protegidas. Por supuesto que ellos se mueven por fuera de esos límites porque el chaco es denso e inaccesible. Al quemarse su hábitat, no van a tener agua y deben hacer el doble de esfuerzo en buscar comida – indica Fernández.

Más allá de afectar a los animales silvestres, los incendios también atentan contra las abejas: como ya no hay flores, se han ido hacia otras regiones. Por lo tanto, los ayoreos no van a poder recolectar miel, uno de los alimentos básicos de su dieta. La técnica Roxana Melgar completa el panorama:

– ¿Qué va a pasar ahora? Ya no tenemos miel. Lo hemos perdido todo. ¿Qué vamos a comer? La incertidumbre es qué va a pasar con los territorios ayoreos después de la quema: a diferencia de incendios anteriores, el cambio climático genera condiciones adversas. Se ha complicado el acceso a alimentos y agua potable. Las especies más débiles desaparecerán. Va a haber una migración forzada del territorio a la ciudad. Los ayoreos no sienten que se estén quemando recursos naturales: se está destruyendo nuestra casa grande – se lamenta Melgar.

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Las señales de la presencia de ayoreos no contactados

Dada la cantidad de selvas y bosques, en América existe la mayor cantidad de pueblos indígenas no contactados, es decir, de etnias que no mantienen relaciones permanentes con la sociedades nacionales. Su supervivencia depende de un íntimo vínculo con el medio ambiente, lo cual significa que su situación es de extrema vulnerabilidad. Esta situación se incremente ante un desastre natural.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) define a los pueblos indígenas en aislamiento voluntario como “pueblos o segmentos de pueblos indígenas que no mantienen contactos sostenidos con la población mayoritaria no indígena, y que suelen rehuir a todo tipo de contacto con personas ajenas a su pueblo”. En algún momento, estos pueblos han sido “contactados”, pero como este vínculo ha sido violento y ha generado consecuencias graves para las comunidades, han decidido aislarse voluntariamente. Este es el caso de los ayoreos en aislamiento voluntario: nacieron y fueron criados en el monte, y las situaciones de violencia vividas los han llevado a internarse en el bosque.

Iniciativa Amotocodie es una organización paraguaya que hace más de 15 años monitorea el territorio ancestral del pueblo ayoreo. En el último tiempo enfocó sus investigaciones en los ayoreos en aislamiento voluntario a través de señales que dejan en el bosque: testimonios de gente que los ha visto, chozas en el medio del monte, huellas en la tierra, huecos para sacar miel, plumas caídas, las marcas de haberse agachado a tomar agua en los arroyos o los caparazones de las tortugas que cazaron.

– El territorio siempre fue de los ayoreos. Solamente cambió de nombre. Los ayoreos pasaron de vivir en el monte a vivir en las reducciones. En Paraguay y Bolivia se está quemando territorio ayoreo, al mismo tiempo que se pierden tierras por el aumento de la frontera agrícola. Aún así, encontramos testimonios de misioneros, guardaparques, estancieros y trabajadores informando la presencia de aislados en ocho zonas del Gran Chaco – explica Junior Alarcón.

La última señal que encontró la fundación es el testimonio de un trabajador que vio por el espejo retrovisor de su excavadora a varios aislados vestidos con plumas que avanzaban a mucha velocidad. Cuando el conductor bajó de la máquina encontró varias herramientas hechas en piedra.

– Nosotros estimamos la presencia de ocho grupos en territorio boliviano, cinco en el chaco paraguayo y tres en la frontera entre ambos países. Es difícil hablar de una cantidad de personas porque afortunadamente nadie ingresa a buscarlos. Calculamos la existencia de entre 150 y 250 personas – sostiene Junior, mientras muestra la ubicación de los no contactados en un mapa satelital.

El olor a torta frita en el horario la merienda llega al auditorio. Josué Picanerai es uno de los más interesados por la situación de los ayoreos en aislamiento voluntario. Mostrando su preocupación por cómo los incendios perjudican la caza de animales silvestres y la recolección de hojas de garabatá para las artesanías que realizan las mujeres, el comunario señala:

– El fuego afecta mucho a nuestros hermanos no contactados en el tema de la salud. La selva es muy sana y natural. Y el humo los afecta. Les va a faltar comida y el agua que ellos toman va a estar muy contaminada por las cenizas. Además, creemos que van a tener que caminar más para encontrar alimentos. Un viejito nos comentó que los incendios son parecidos a una guerra: el fuego es similar al ataque de un enemigo y la gente se escapa para buscar refugio en cualquier lugar del monte – concluye Picanerai ya con una torta frita en la mano.

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Los incendios en Paraguay

El Presidente de la Unión de Nativos Ayoreos del Paraguay (UNAP), Carlos Ducubide Picanerai, acaba de escribirle una carta al Presidente de la República del Paraguay, Mario Abdo, solicitando la declaración del estado de emergencia ambiental y, una pausa ambiental y ecológica en el Chaco. Está preocupado por sus hermanos no contactados, dado que los incendios han quemado su territorio y les dificulta la vida cotidiana.

– Se quemaron más de 6.000 hectáreas de nuestros territorios ancestrales. Esperamos se tomen todas las medidas de protección porque las tierras están a merced de los deforestadores. No piensan ni en la naturaleza ni en los animales ni en la vida de los ayoreos en aislamiento voluntario. Esa zona nos da vida: nos da alimentos, miel, tubérculos y animales. Aún estamos a tiempo de reclamar – explica el cacique.

Luis María de la Cruz forma parte del equipo de de Iniciativa Amotocodie y es el responsable de estudiar el avance de los incendios sobre el territorio ayoreo. En un mapa ubica la región afectada por el fuego entre el 11 de agosto y el 1° de octubre: es un manchón rojo que avanza desde el noroeste del chaco paraguayo hacia el suroeste y significan cerca de 1.300.000 hectáreas. En Paraguay se desmontan 300.000 hectáreas por año: una de las tasas más altas del mundo. El incendio equivale a más de cuatro años de desmonte.

– Nunca había ocurrido un incendio de esta categoría. Tanto por la superficie como en la continuidad. Mientras en la Chiquitanía boliviana se incendiaron varios puntos al mismo tiempo, en Paraguay es un solo bloque que no para de avanzar. El ecosistema de los Parques Nacionales Defensores del Chaco, Médanos del Chaco y Chovoreca fueron completamente destruidos. No sabemos si se van a recuperar estos sistemas de vida. Especialmente aquellos donde viven los indígenas no contactados. La zona donde van a buscar tortugas fue desbastada. El fuego aún no está controlado y sigue destruyendo con furia. El pueblo ayoreo debe determinar qué va a exigirle al Gobierno – concluye De la Cruz.

– La resistencia del pueblo ayoreo está en el monte. Hoy las noticias son los incendios. Pero alguien empieza el fuego. Mientras en Bolivia el chaqueo lo hacen los pequeños campesinos, en Paraguay el fuego lo comienzan los grandes empresarios que deciden quemar sus miles de hectáreas. Ni el modelo productivo apoyado por el Gobierno ni las condiciones climáticas van a cambiar. Por lo tanto, los incendios van a continuar – completa la descripción el coordinador general de Iniciativa Amotocodie, Miguel Lovera.

Avanza la noche en la comunidad Guidai Ichai. Sopló viento sur y el frío de Argentina llegó al chaco paraguayo. La atmósfera da tantos escalofríos como el testimonio de los expertos. Se abre el espacio para las consultas. Un anciano pregunta si en el territorio quemado aún se escucha el canto de las aves.

– No se escucha a ningún ave. El silencio es lo más triste del incendio.

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El reclamo de compensación territorial

Tras la segunda jornada del encuentro binacional, los ayoreos se dividen en tres mesas de trabajo para discutir la quema de territorios, la situación de los ayoreos en aislamiento voluntario y el acceso a la educación. De este modo, al pronunciamiento general se suman tres documentos que recogen las principales demandas de las comunidades:

- Que las tierras fiscales y en proceso de titulación aledañas a las zonas afectadas pasen a ser propiedad de los indígenas como modo de compensación por sus usos y costumbres afectados por los incendios.

- Realizar un plan de emergencia para mitigar la contaminación producida por el fuego, con el apoyo de las autoridades y los Gobiernos de Bolivia y Paraguay.

- Garantizar el derecho humano fundamental del acceso a alimentos, agua potable y servicios básicos como el agua para riego.

- Frenar la expansión de la frontera agrícola-ganadera, dejar de otorgar licencias ambientales para el desmonte y suspender las licencias vigentes.

- Declarar el “desastre ambiental” y “área de inmovilización” por parte de los gobiernos de ambos países.

- Que el Gobierno de Paraguay reconozca la presencia de ayoreos en aislamiento voluntario, se promulguen leyes que los protejan y se respeten los convenios internacionales ratificados.

- Que el Gobierno del Estado Plurinacional de Bolivia destine los fondos económicos de emergencia para la implementación del Decreto Supremo 1286/2012 para la protección de los no contactados.

- Reforzar la seguridad de los no contactados en los Parques Nacionales Kaa-Iya y Otuquis en Bolivia, y Defensores del Chaco, Médanos del Chaco y Chovoreca en Paraguay.

- Respetar el principio de no contacto.

Los ancianos ayoreos dicen que si uno se siente mal, debe abrazar los árboles de palo borracho durante la noche y contarles las dolencias. Aseguran que a la mañana siguiente el dolor ya no está. El Encuentro Binacional Paraguayo – Boliviano “Pueblo Ayoreo sin fronteras” actuó como un espacio donde las comunidades de ambos países pudieron compartir sus problemas y discutir posibles soluciones. No hay palo borracho que alcance para compensar los efectos del fuego en las territorios ancestrales del pueblo ayoreo. No existe toborochi que pueda compensar la ausencia del canto de los pájaros ni samu'u que traiga de nuevo a las abejas.

Aún así, cierran los ojos y esperan a que los Gobiernos de Paraguay y Bolivia los escuchen. Tal vez, a la mañana siguiente, ya no hay incendios que recuerden a una guerra y en sus territorios se vuelva a escuchar el canto de los pájaros como ocurrió siempre.