Sharon Pérez, artista afroboliviana

"Quiero motivar a las nuevas generaciones a hacer arte afroboliviano"

Por Damián Andrada | Investigador de Ore-Iwgia

Sharon Pérez vincula el arte con su identidad pintando retratos de mujeres afrodescendientes planchas de metal corroído que ubica en el respaldo de sillas y el marco de ventanas. Su objetivo es visibilizar a su comunidad, romper con los estoreotipos en torno a la mujer negra y promover el desarrollo de nuevos artistas afrobolivianos.

- ¿Cómo vinculaste tu identidad afroboliviana con el arte?

- Comenzó por una construcción personal. Mi papá es de Chicaloma en los yungas (y por ahí viene mi ascendencia afroboliviana) y mamá es mestiza, pero tiene orígenes quechuas y aymaras. Entonces fue muy complicado poder identificarme acerca de qué era. Si bien tengo el cabello rizado, no tengo la tez tan morena como mi papá. Por eso cuando era niña tampoco se hablaba del tema. Este vacío lo sentí al terminar el colegio e ingresar a la universidad. Cuando me decidí a hacer arte tenía muchas inquietudes de cómo y con qué identificarme. Y eso no me permitía encontrar una línea que realmente me apasionara y combine lo que yo quería.

- ¿El vacío tenía que ver con no poder reconocer tu identidad?

- El final del colegio fue una etapa muy crucial. Yo esperaba acabar la escuela para plancharme el pelo porque pensaba: “Me plancho el cabello y soy normal”. Tenía esa lógica de querer ser “normal” como el resto de mis compañeras mestizas. Recuerdo que se burlaban llamándome “Bob Patiño”. Esa crisis de identidad también afectaba mi autoestima. De hecho, en la etapa de la universidad comencé una relación muy tormentosa de pensar que era fea y, por lo tanto, nadie se iba a fijar en mí.

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- Cuándo cambió la relación con tu identidad afroboliviana?

- Cuando la conocí a Sheila Walker, una referente de las luchas afroamericanas y la diáspora africana en el mundo. En un seminario, presentó su libro que habla de las culturas afrobolivianas y a mí me llamó mucho la atención lo orgullosa que ella se sentía de ser afrodescendiente. Empecé a leer sus libros y fue la chispa que me despertó y me ayudó a salir de esta fea situación de no quererme y rechazar mi identidad. Ella sabía tanto de la cultura afroboliviana que me hizo cuestionar que yo, que era boliviana, no lo sabía. Después de su charla, comencé a hablar con mi papá sobre los afros, a informarme y eso inclinó mi arte a mostrar lo que yo sentía de ser afro. Incluso empecé a sentirme feliz con el tema de mi cabello. Recuerdo que en una revista de la universidad me tomaron unas fotos en las que posé con un cabello rizado terrible. Yo no quería mostrar la revista, pero mucha gente me hizo comentarios positivos. Esto me ayudó mucho a verme y aceptarme.

- ¿Con tu arte intentás producir algo parecido a lo que la obra de Walker hizo con vos?

- Exactamente. En este proceso de pensar qué aportes podría hacer, empecé a buscar libros de arte afroamericano en la biblioteca de mi carrera y solo encontré uno en inglés que tenía más fotografías que texto. En un marco de historia del arte boliviano, no había ni una representación de artistas afrodescendientes a diferencia de Colombia y Brasil donde su presencia es mucho más fuerte. A partir de allí encontré más razones para visibilizar la cultura afro en lo artísitico, a través de obras con puertas y ventanas. De este modo, mi primera exposición en La Paz continuó en una muestra sobre los aportes del pueblo afroboliviano a la historia de Bolivia en la Casa de la Libertad en Sucre y más tarde en Santa Cruz de la Sierra.

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- ¿Cómo definirías tu arte?

- Mi trabajo tiene una investigación previa, según el tema que quiero plasmar. Y lo acompaño con texto. Hago pintura, utilizo una técnica mixta de acrílico y el pastel, pero la característica de mi trabajo son las planchas de metal corroído que aplico en marcos de ventana o en la estructura de las puertas. En esta muestra, cada silla tiene el retrato de una mujer afroboliviana.

- ¿Por qué retratos de mujeres afro ubicados en sillas viejas?

- Las sillas y los retratos tienen una historia detrás: muchas familias no usan las sillas ni las botan porque dicen: “Era de mi abuela”. Muchas de las sillas que utilizo eran de familias afrobolivianas que me contaron sus historias. Generalmente utilizo las fotos de las abuelas y abuelos. Cuando no las tienen, veo sus caras y me imagino cómo sería la abuela o la tía.

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- ¿Cómo reacciona el público?

- En las salas, hay personas que miran y se extrañan de que sean afros pintados. También hay comentarios racistas como gente que se pregunta: “¿Desde cuándo se pinta a los negros?”. Eso me encanta porque quiere decir que mi trabajo está molestando. Está causando algo.

- ¿Tu arte tiene una vinculación con el género?

- A veces pinto hombres, pero en la mayoría de los casos son mujeres. Cuando escucho las historias, siempre resalta el valor que tenían como abuelas o como mamás. Hablan mucho de la comida. Por otro lado, la idea es visibilizar a la mujer afro no como algo exótico. Sino que las plasmo con la esencia de la historia de la persona y muestran esa fuerza. No las dibujo como cuerpos sensuales o de belleza exótica como siempre se la imaginan a la mujer negra, sino como guerreras con mucha fuerza a través de los gestos. También pinto a niños afros para plasmar las nuevas generaciones que crecen orgullosas de su identidad y con conocimiento de la historia de sus abuelas y abuelos. Eso es algo que fortalece la cultura. Tienen que haber escritos y textos que vayan reforzando el orgullo afro. Por eso tengo el proyecto de un libro.

- ¿Qué buscás a través de tu obra artística?

- Me gusta que cuando miren mis retratos piensen en mujeres y hombres afrobolivianos, que no son lo mismo que las comunidades afros de Ecuador o Brasil. Al ver mi obra, muchos se preguntan: “¿Hay afros en Bolivia?”. Para mí eso es un logro. Un segundo objetivo, mucho más ambicioso, es motivar a que las nuevas generaciones hagan arte como afrodescencientes. Quiero contribuir a una escuela de arte afroboliviana. Un movimiento artístico fuerte podría ayudar económicamente a las comunidades afro. Pero, especialmente, aportaría mucho para mostrar nuestra cultura.