Estado Plurinacional de Bolivia: Territorio Indígena de Lomerío

Revitalizando la lengua ancestral a través de la educación intercultural bilingüe

Por Damián Andrada | Investigador de Ore-Iwgia, y magister en Ciencia Política y Sociología

Con el apoyo del Centro de Estudios Jurídicos e Investigación Social (CEJIS), el proyecto “Navegador indígena” y el financiamiento de la Comisión Europea, la nación Monkox está recuperando la lengua bésiro después de 50 años de imposición del castellano. En la comunidad de Palmira, 39 niños y niñas menores de 16 años estudian la lengua de sus antepasados con la compañía de los profesores y los abuelos.

El Territorio Indígena de Lomerío enfrenta la sequía de la época sin lluvias. A los costados de la ruta se ve el bosque seco chiquitano, los rastros de la helada y las cicatrices de los incendios que azotaron al Estado Plurinacional de Bolivia entre los meses de agosto y octubre. La falta de agua potable es el primer problema que uno observa en las 29 comunidades. Sin embargo, hace décadas que el pueblo Monkox enfrenta la pérdida de su lengua nativa y en el "Año internacional de las lenguas indígenas" decidieron transformar esta realidad.

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Con 70 familias y 380 habitantes, la comunidad Palmira es una de las más importantes de Lomerío. En los últimos años, su unidad educativa “Pedro Pablo Peña García” identificó que no existía una política clara sobre la implementación de la educación intercultural bilingüe en el territorio y por eso decidió llevar a cabo el proyecto de revitalización del idioma bésiro: estudian la lengua todos los días de modo integral junto al castellano.

Los estudiantes de la escuela sonríen en las gradas de la cancha de fútbol. Los niños visten camisas celestes y las niñas destacan con sus vestidos que retoman los bordados tradicionales. Hacen una ronda y cantan la canción de la yuca en bésiro. Las autoridades de la escuela entienden que la revitalización de la lengua “es un modo de que vuelva la cultura” porque forma parte de la identidad.

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Las clases de bésiro comenzaron en mes de julio cuando se entregaron los textos de apoyo. Pedro Peña Choré es docente hace 22 años, pero tuvo que aprender a enseñar el idioma aplicando todas las prácticas pedagógicas que conocía.

– Para mí es algo novedoso enseñar la lengua de mis antepasados porque hay cosas que no se pueden traducir. Yo lo hablo desde pequeño y lo sigo hablando. Cuando era niño tenía mis docentes bilingües y, mis padres también hablaban el bésiro. Pero con el tiempo nos impusieron el castellano – cuenta el profesor Pedro ante la vergüenza de posar para la cámara.

Al igual que la enseñanza de una lengua nueva, lo primero que hicieron los docentes es enseñarles a los niños y niñas lo más básico como los saludos, los objetos de la casa, los nombres de los animales domésticos para que vayan familiarizándose con las palabras y luego formar oraciones.

– A los chicos les resulta complicado porque están muy acostumbrados al castellano. Que es igual de complejo que el bésiro. Hay términos que son imposibles de interpretar. Para mí tienen que ir en paralelo y complementarse.

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Asunción Charupá Peña sonríe junto a sus tres hijos, pero aclara que faltan dos. A diferencia del profesor, no cree que a los chicos les cueste aprender el idioma, pero sí que se habla “de a poquito”.

– Aprender bésiro nos favorece porque estamos volviendo a nuestros antepasados y a nuestros abuelos. Para nuestros hijos y nietos eso es muy bueno. Estamos contentos de que nuestra lengua no se muera. Estoy orgullosa de seguir hablándola.

Asunción explica que sus padres no hablaban bésiro con ella. En cambio sí lo hacían sus abuelos. Por eso ella lo entiende, pero no puede hablarlo: “Estoy aprendiendo junto a mis hijos. No es tan difícil para ellos aprender, los estamos incentivando para que en el colegio no les cueste”.

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El cacique de Palmira, Mariano Chore Oliz, no puede ocultar su felicidad. El bésiro estaba muy débil y por eso el proyecto del “Navegador Indígena” enseña el idioma desde los recién nacidos hasta la primaria con el apoyo de los profesores y de los mayores. El cacique cuenta que el programa alcanza a 39 alumnos de primaria y ocho niños recién nacidos de hasta 4 años a través del programa “nido bilingüe”. Él sabe muy bien lo que significó la imposición del castellano durante la segunda mitad del siglo XX.

– Cuando a los 5 años entré al colegio, los profesores venían de la ciudad y no sabían hablar ni una palabra de bésiro. Y nosotros no sabíamos el castellano. ¿Qué hicieron? Nos prohibieron hablar el bésiro y nos obligaron a hablar el castellano. Si no lo sabíamos era guasca [golpe a los niños cuando se portan mal] para poder aprenderlo. Así dejamos de hablar nuestra lengua durante 50 años. Gracias a esta iniciativa entre la Central Indígena de Comunidades Originarias de Lomerío y el proyecto del Navegador Indígena estamos recuperando nuestra lengua. Tenemos el interés y las ganas de recuperar nuestro idioma.

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Entre las historias que cuentan en Palmira, la mayoría destaca la experiencia del “nido lingüístico”. Los más chiquitos que aún no tienen la edad para ir a la escuela, concurren diariamente a la casa de Don Marcelino Peña Sumami para aprender el bésiro: cocinan, limpian y juegan incorporando las palabras. De este modo, el programa vincula a diferentes generaciones y los abuelos están orgullosos de su trabajo.

– Nosotros como viejos lo hablamos. La preocupación es por los niños – explica Don Marcelino mientras convida chicha para sofocar el calor de la época seca chiquitana – A mí me gustaría saber si estamos haciendo bien nuestro trabajo.

La lengua es importante para una cultura: forma parte de su identidad, preserva la historia cultural, transmite el conocimiento ancestral y guarda la memoria de un pueblo. La comunidad Monkox lo sabe. En los próximos años no será necesario ser “viejo” para hablar el bésiro.