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Guyana: el impacto de la extracción de oro en Wapichan Wiizi

Guyana: el impacto de la extracción de oro en Wapichan Wiizi

Por Inmaculata Casimero, Tony James y Judy Winter

1° de noviembre de 2021

En nombre del desarrollo, la minería aurífera destruye nuestro ambiente, afecta a los pulmones de la Madre Tierra, debilita las relaciones humanas y contamina los ríos. La codicia y el lucro no son compatibles con la vida en nuestros territorios: derriban árboles, afectan a las aves que cantan y silencian los sonidos de los animales silvestres. El silencio ensordecedor nos rodea mientras luchamos por respirar. Incluso si elegimos ignorarlo y no tomar medidas inmediatas ahora, estamos forjando el camino hacia la extinción en el futuro. Nuestras acciones presentes condicionarán el mundo en el que viviremos nosotros y las generaciones futuras.


El territorio ancestral Wapichan Wiizi es el hogar de los pueblos Wapichan, Macushi y Wai-Wai, que viven en 21 aldeas a lo largo del sudoeste de Guyana. Hemos vivido aquí durante siglos, cuidando del medio ambiente, utilizando sus recursos de manera sustentable y, al mismo tiempo, manteniendo nuestros idiomas, culturas y tradiciones. Nuestro hogar es un lugar prístino con hábitats diversos que incluyen sabanas ondulantes, montañas majestuosas, humedales pantanosos, islas arbustivas, bosques en galería y afloramientos rocosos. Compartimos las tierras con muchas criaturas: el armadillo gigante, el caimán negro, el oso hormiguero, el tapir amazónico y más de mil plantas.

Nuestros ancestros han luchado desde el siglo XIX por el reconocimiento legal de nuestras tierras. El 30 de octubre de 1967, nuestros líderes Henry Winter, Ritchie Moses, Edmund Anton, Stanislaus Lawrence, Marco Andrew y Indase Johnson escribieron una carta, dirigida a funcionarios del gobierno, en la que demandaron el completo reconocimiento de nuestro territorio. Sin embargo, su pedido nunca fue aprobado: por un lado, debido a los intereses de terceros y, por otro lado, a la posición paternalista que suponía que el pueblo Wapichan no podía administrar de manera efectiva un área de semejante tamaño.

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Los pueblos que habitan el territorio ancestral Wapichan Wiizi han vivido durante siglos cuidando del medio ambiente y sus recursos ricos y diversos.

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Los pueblos que habitan el territorio ancestral Wapichan Wiizi han vivido durante siglos cuidando del medio ambiente

En el nombre del desarrollo

Desde la época de las incursiones coloniales en el territorio, hemos tenido poca participación sobre lo que ocurre en nuestras tierras tradicionales. Hoy en día, aunque las aldeas poseen títulos reconocidos, la mayor parte del territorio se considera “tierra del Estado”. Nuestro hogar está rodeado de concesiones mineras que son otorgadas sin nuestro consentimiento en nombre del desarrollo económico. No obstante, para el wapichan nao, el cuidado y el mantenimiento del planeta es más importante que cualquier otra riqueza. Asimismo, la ganancia generada a través de la actividad minera no se reinvierte en nuestras comunidades, ni contribuye a nuestro desarrollo sustentable.

El hecho de que el gobierno incentive la expansión minera en nuestros bosques, al mismo tiempo que promociona su conservación es un acto de cinismo intolerable. Mientras los grupos conservacionistas, frecuentemente financiados por el gobierno, visitan nuestro territorio subrayando la importancia de preservar los recursos naturales, somos nosotros quienes durante siglos lo venimos cuidando. El trabajo de los pueblos indígenas ha contribuido a que Guyana haya sido considerada el mejor destino de ecoturismo del mundo. Sin embargo, a lo largo de todo el país la minería ha tenido efectos devastadores para el ambiente y es la principal causa de la deforestación.

En nuestras tierras, tanto la exploración a gran escala como la minería artesanal están destruyendo las áreas de Marudi y sus alrededores. Esta montaña tiene una gran importancia cultural y espiritual para nuestro pueblo. Los agentes externos comenzaron a intervenir en el área en 1930, cuando las oleadas de “pork-knockers” (mineros que pernoctaban en el monte y se alimentaban de cerdos salvajes) llegaron a probar suerte extrayendo oro. Más cerca en el tiempo, las corporaciones vienen desarrollando operaciones a gran escala, mientras que el gobierno promete otorgar tierras a pequeños mineros. Nuestro pueblo se ha opuesto expresamente a estos acontecimientos.

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La exploración a gran escala como la minería artesanal están destruyendo las áreas de Marudi y sus alrededores.

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La exploración a gran escala como la minería artesanal están destruyendo las áreas de Marudi y sus alrededores.

Una amenaza sobre la montaña de la oscuridad

Marudi ocupa un lugar muy especial en el corazón del pueblo Wapichan ya que pertenece a una cadena montañosa conectada de manera cultural. Su nombre es Marutu Taawa que, en wapichan, significa “montaña de la oscuridad”. En este territorio, el creador, Tominkar, y su hermano, Duwidi, vivieron antes de la existencia del hombre. Aquí es donde los marunao nao (los chamanes) deliberan con los espíritus maestros y, realizan rituales para la seguridad y el bienestar del pueblo.

Marudi tiene recursos muy importantes para nuestra comunidad como la tiza, que es parte del atuendo de la danza Parichara; la poco conocida orara, una enredadera utilizada para pescar; o el haimara, una especie de pez que solo habita en esta zona. Sobre todo, es una región en donde se hallan nuestros principales recursos de agua dulce que utilizamos para cocinar y beber. Así lo explica un anciano de la aldea Karaudarnau: “El área tiene tanta importancia ya que todas las aguas que provienen de la zona de Marudi alimentan diferentes arroyos y ríos. Es una especial línea divisoria de aguas en nuestro territorio que abastece a los ríos Kuyuwini, Essequibo y Kwitaro”.

En la aldea Parabara, que se encuentra más cerca del área minera, las mujeres tenían niveles de mercurio superiores al que la Organización Mundial de la Salud considera seguro.

En la aldea Parabara, las mujeres tenían niveles de mercurio superiores al que la Organización Mundial de la Salud considera seguro.

La minería en Marudi y la amenaza sobre sus alrededores ya muestran un impacto notorio en este importante punto de referencia cultural. Al haber reemplazado las áreas boscosas por grandes huecos llenos de residuos de la actividad minera, la zona se ha convertido en un caldo de cultivo de mosquitos portadores de malaria y dengue. Desde hace años, notamos que los peces son menos abundantes a medida que su hogar se va contaminando; los ríos ya no son seguros para consumir porque cada vez están más turbios; y los pájaros y animales que dependen del agua se están alejando, lo cual afecta también nuestro sustento.

La contaminación proveniente de las actividades mineras es, incluso, más preocupante para nosotros. Los miembros de la comunidad Wapichan recolectamos muestras de mercurio en cuatro de nuestras aldeas para una investigación con la colaboración de World Wildlife Fund. Nos alarmó encontrar que en la aldea Parabara, que se encuentra más cerca del área minera, las mujeres tenían niveles de mercurio superiores al que la Organización Mundial de la Salud considera seguro. Estos niveles de mercurio pueden traer serios riesgos, como las malformaciones en nacimientos, la pérdida de memoria o el excesivo cansancio.

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Las aguas que provienen de la zona de Marudi están contaminadas, por lo cual ya no se puede consumir, hay menos peces y los pájaros y animales se van alejando.

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Las aguas que provienen de la zona de Marudi están contaminadas, por lo cual ya no se puede consumir

El debilitamiento de las relaciones sociales

Los monitores comunitarios controlan la calidad del agua de nuestras tierras y utilizan esa información para incentivar al gobierno a que frene los impactos causados por el sector de la minería de oro. Un ejemplo muy claro es cuando los camiones derraman parte del combustible que llevan a las minas contaminando nuestros canales. Por otro lado, diariamente se transportan grandes maquinarias y equipamientos hacia las minas, lo cual daña nuestras rutas y dificulta el viaje de comerciantes locales hacia el pueblo más cercano para proveer a las aldeas de los bienes que necesitan.

La minería también está debilitando las conexiones sociales dentro de nuestras comunidades. Los jóvenes se ven presionados a trabajar en la mina porque las políticas mineras y gubernamentales han deteriorado la capacidad de nuestras economías tradicionales. Esto provoca que las mujeres deban cuidar nuestras familias y granjas durante largos períodos de tiempo. En muchas ocasiones, los hombres regresan con muy poco dinero o incluso con las manos vacías. Junto al aumento de la minería, se incrementó el uso de drogas y alcohol. Cada vez es más común que los hombres que regresan de trabajar en las minas sean violentos con sus parejas e hijos.

Junto con el aumento de la minería, se incrementó el uso de drogas y alcohol. Cada vez es más común que los hombres que regresan de trabajar en las minas sean violentos con sus parejas e hijos.

Cada vez es más común que los hombres que regresan de trabajar en las minas sean violentos con sus parejas e hijos.

En consecuencia, nuestros niños están expuestos a entornos familiares inseguros y no cuentan con el apoyo necesario para aprender de manera satisfactoria en la escuela. Es más probable que los niños abandonen la educación y elijan ingresar a las minas, o que algunas niñas terminen encontrando como única salida ser cocineras, vendedoras o prostitutas. El aumento de trabajadores mineros en el área ha contribuido al desarrollo de la prostitución, lo cual a su vez incrementa las infecciones de transmisión sexual en las comunidades.

Los crímenes también son moneda corriente en las minas. Recientemente, el joven de 17 años Shadrach Martin fue asesinado a puñaladas en las minas de oro de Marudi y un minero brasileño fue asesinado a balazos mientras le robaban su oro y joyas. A la fecha, no ha habido novedades en las investigaciones policiales y los perpetradores siguen libres, lo cual produce temor entre los aldeanos. La falta de aplicación de la normativa minera y ambiental, así como el nulo avance de las investigaciones sobre los asesinatos podría deberse a la corrupción de los oficiales mineros y la policía. Se ha reportado que estos reciben sobornos por parte de los mineros y hacen la vista gorda respecto a las numerosas actividades ilegales que se desarrollan.

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La minería está dañando también los tejidos sociales de la comunidad. Aumentó el consumo de alcohol y drogas, hay más violencia familiar y crímenes.

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La minería está dañando también los tejidos sociales de la comunidad. Aumentó el consumo de alcohol y drogas, hay más violencia familiar y crímenes.

Luchar para respirar

En este contexto, apelamos a las autoridades nacionales y regionales para que respeten los derechos indígenas y para que implementen las recomendaciones de los tratados de derecho internacional de los derechos humanos. Apelamos al gobierno de Guyana para que reforme la Ley sobre los Amerindios de 2006, considerando las recomendaciones que realizamos los pueblos. Pedimos que nos devuelvan el control sobre nuestro legítimo territorio para que podamos continuar administrando, manteniendo y protegiendo, de manera sustentable, nuestras tierras y recursos.

Imaginamos un futuro en donde nuestras comunidades podrían desarrollar el turismo, la agricultura y otras actividades sustentables como fuentes de ingreso y, al mismo tiempo, preservar nuestras tierras, nuestro conocimiento tradicional y nuestra herencia cultural. Esperamos que las agencias del gobierno reconozcan la experiencia de los miembros de nuestra comunidad y su habilidad para controlar el territorio, y el impacto negativo de los factores externos (como la extracción de oro) en nuestras tierras.

El oro que extraemos no puede ser reemplazado. El ambiente será destruido junto con los pulmones de la Madre Tierra, nuestros valiosos árboles derribados y los ríos contaminados. Los mineros podrán abandonar el área y regresar a sus sofisticados y lujosos hogares en la ciudad, pero dejarán atrás agua contaminada, deforestación y un ambiente no apto para la vida. Sin árboles, sin aves que canten y sin ruido de animal alguno. Hay un silencio ensordecedor que nos rodea mientras luchamos por respirar. Incluso si elegimos ignorarlo y no tomar medidas inmediatas ahora, estamos forjando el camino hacia la extinción en el futuro. Nuestras acciones presentes condicionarán el mundo en el que viviremos nosotros y las generaciones futuras.

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