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De la “Conquista del desierto” a la “Campaña contra el indio”:
la construcción de la identidad argentina en los manuales escolares

De la “Conquista del desierto” a la “Campaña contra el indio”:
la identidad argentina en los manuales escolares

Por Jorge Luis Fabián

Pintura “Ocupación militar del Río Negro por la Expedición bajo el mando del General Julio A. Roca” (1896). Autor: Juan Manuel Blanes

1° de mayo de 2022

Entre 1878 y 1885, la élite gobernante de la Argentina llevó a cabo la mal llamada “Conquista del desierto” que diezmó a los pueblos indígenas que vivían en los territorios que hoy conforman la Patagonia. La narrativa oficial plasmada en los manuales escolares justificó la campaña como una necesidad nacional en pos del desarrollo y la unidad territorial del Estado. De modo contrario, se invisibilizó las voces indígenas, se los excluyó como integrantes de la nación y se ocultó el destino de quienes sobrevivieron al exterminio. Las críticas a la narrativa tradicional permitieron cambiar el paradigma, recuperar la palabras de los pueblos indígenas que fueron víctimas y comenzar a pensar el país desde una mirada multicultural.


Uno de los acontecimientos fundantes del Estado nación liberal propuesto por la denominada “Generación del ´80” fue la mal llamada “Conquista del desierto”. Esta campaña militar fue enseñada por los manuales escolares como un hito de la consolidación del Estado argentino y la construcción de una identidad nacional homogénea que excluía a los pueblos preexistentes. La narrativa oficial llevaba implícita la dicotomía entre "civilización y barbarie": una distinción entre un "nosotros" y los "otros" muy popular en la época.

El análisis de los libros de textos o manuales escolares de historia como instrumentos de construcción de la identidad nacional se ha ido ampliando en las últimas décadas. No solo reflejan el modelo pedagógico preponderante, sino que también ponen en circulación a los discursos hegemónicos dentro del ámbito escolar. Por lo tanto, los manuales deben ser entendidos como espacios de memoria en los que se ha ido materializando la cultura, las imágenes y los valores dominantes de cada época.

A pesar de haber sufrido transformaciones debido a los avances del conocimiento y del diseño, los textos escolares han conservado su lugar como compiladores de un saber indiscutido. La llamativa vigencia del uso de libros de texto a lo largo del tiempo revela el espacio pedagógico conquistado en la cultura escolar y la capacidad de adaptación a las tradiciones y las innovaciones que forman parte del campo educativo. El manual se presenta como el depositario de los conocimientos y técnicas que una sociedad cree oportuno que la juventud debe adquirir para la perpetuación de sus valores.

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La narrativa oficial plasmada en los manuales escolares de historia se enfoca en la incorporación de tierras para la producción ganadera y la consolidación del territorio nacional. Imagen: Manual Troquel

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La narrativa oficial plasmada en los manuales escolares de historia se enfoca en la incorporación de tierras para la producción ganadera y la consolidación del territorio nacional. Imagen: Manual Troquel

De la “Conquista del Desierto” a la “Campaña contra el indio”

A finales del siglo pasado, comenzó a circular una mirada crítica sobre la construcción de los saberes contenidos en los manuales escolares argentinos que interpelaba las narrativas tradicionales. En 2006, esta corriente fue institucionalizada a través de una nueva Ley de Educación Nacional entre cuyos objetivos se encuentra el fortalecimiento de la identidad nacional y el respeto a la diversidad cultural.

En el caso de los pueblos originarios, la Ley N° 26.206 asegura el respeto de las lenguas e identidades indígenas, y promueve la valoración de la multiculturalidad al interior de toda la comunidad educativa. La nueva normativa remarca los derechos constitucionales de los pueblos indígenas, incluidos en el artículo 75 inciso 17: el derecho a recibir una educación que contribuya a preservar y fortalecer sus pautas culturales, su lengua, su cosmovisión e identidad étnica.

El cambio de paradigma permitió la visibilización de la mirada histórica de aquellos que fueron las víctimas y los derrotados de la “Conquista del Desierto”.

El cambio de paradigma permitió la visibilización de la mirada histórica de aquellos que fueron las víctimas de la “Conquista del Desierto”.

Paralelamente, a partir de los reclamos de las organizaciones indígenas y las ONG, se fue construyendo una narrativa que reivindicaba los derechos de los pueblos originarios que habitan el territorio argentino. De este modo, se cuestionó la representación que el sistema educativo realizaba sobre las comunidades indígenas y se señaló la necesidad de producir un cambio de paradigma. En este sentido, en 2010 el Decreto N° 1584 modificó la denominación del feriado del 12 de octubre: se pasó del “Día de la Raza” al “Día del Respeto a la Diversidad Cultural”.

El cambio de paradigma permitió la visibilización de la mirada histórica de aquellos que fueron las víctimas y los derrotados de la “Conquista del Desierto”. Para ello, se decidió revisar el análisis de los manuales escolares para luego reescribirlos con una mirada que contemple la posición del otro. Esta inclusión del otro en los manuales de historia pondría fin a la narrativa dominante de la elite tradicional argentina que estableció en el sistema educativo una lectura favorable a sus propios intereses.

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La narrativa oficial también penetra en el billete de 100 pesos que ilustra la vida de Julio Argentino Roca. En el reverso, se observa la pintura de Blanes. Imagen: BCRA

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La narrativa oficial también penetra en el billete de 100 pesos que ilustra la vida de Julio Argentino Roca. En el reverso, se observa la pintura de Blanes. Imagen: BCRA

Críticas a la representación oficial

La nueva narrativa no puede percibirse si no se contrasta con la plasmada en los manuales escolares del siglo XX. En primer lugar, se cuestionó el nombre con el cual se había denominado a la campaña militar ya que es incorrecto llamar “Conquista del desierto” a un plan de exterminio: un desierto no se conquista, se ocupa; mientras que si allí vivían familias, entonces no se trataba de un desierto. Al utilizar esta denominación, la intención de los vencedores era invisibilizar a los vencidos y negar la calidad de personas de quienes poblaban las tierras conquistadas.

En consonancia con esto también era necesario repensar la figura del ideólogo del plan: Julio Argentino Roca. El Ministro de Guerra de Nicolás Avellaneda (1874-1880) fue presentado como un valiente patriota que había estudiado el problema del desierto y había resuelto la unidad territorial. Coronada por el éxito, la campaña militar fortaleció el prestigio de Roca, quien más tarde sería elegido presidente en dos oportunidades (1880-1886 y 1898-1904). Sin embargo, esta visión que exaltaba la figura de Roca como estratega también fue cuestionada. Un año antes de comenzar la expedición, una terrible epidemia de viruela había diezmado sus fuerzas. Esta circunstancia, bastante frecuente entre los indígenas de aquella época, fue fundamental para que el ejército argentino venciera con facilidad a las debilitadas tribus indígenas.

Las comunidades aborígenes de estos territorios fueron representadas como un obstáculo para la consolidación territorial del Estado argentino, el desarrollo del modelo agro-exportador y la expansión de la “civilización”.

Las comunidades aborígenes fueron representadas como un obstáculo para la consolidación territorial del Estado argentino.

La campaña también fue concebida como una necesidad legítima del Estado argentino para frenar las agresiones permanentes de las poblaciones indígenas que habitaban el territorio pampeano-patagónico y, al mismo tiempo, establecer un límite a los intereses expansionistas del Estado chileno. Por un lado, los textos plantean que los pueblos y ciudades importantes eran víctimas de malones de indios que saqueaban sus riquezas y esclavizaban a sus prisioneros. Por otro lado, Chile reclamaba toda la región al sur del Río Colorado. Por lo tanto, la expedición también habría tenido la finalidad de reafirmar los derechos sobre los territorios que hoy conforman la Patagonia argentina.

De este modo, las comunidades aborígenes de estos territorios fueron representadas como un obstáculo para la consolidación territorial del Estado argentino, el desarrollo del modelo agroexportador y la expansión de la “civilización”. En consecuencia, se decidió no reconocer a los indígenas como parte integrante de la Nación Argentina. El análisis que hacían los manuales era muy simplista: si no eran parte de la “civilización”, eran un problema para el proyecto económico del modelo agroexportador.

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Cacique Villamain, "Buitre de Oro", sometido en diciembre de 1882 junto a su familia y mujeres de la tribu, en su toldería ubicada a inmediaciones de Ñorquín (1883). Foto: Pedro Morelli / AGN

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Cacique Villamain, "Buitre de Oro", sometido en diciembre de 1882 junto a su familia y mujeres de la tribu, en su toldería ubicada a inmediaciones de Ñorquín (1883). Foto: Pedro Morelli / AGN

El modelo agroexportador y el destino de los indígenas

Según los antiguos manuales de historia, la “Conquista del desierto” fue una acción ofensiva contra los “salvajes” con el objetivo de confirmar la dominación argentina. Los textos entienden que la medida fue la más lógica desde el punto de vista militar y que significó el exterminio casi total del indio. Si bien se desliza que la solución fue extrema, dejan entrever que fue la más acorde con los tiempos que se vivían. A partir de entonces, ya no había que cuidar la frontera interior, sino explorar las tierras conquistadas, poblarlas y hacer valer la soberanía sobre ellas.

Esta narración superficial ya no es aceptada por los textos escolares modernos. Actualmente, se hace hincapié en la necesidad del Estado argentino en expandir la frontera ganadera hacia el sur para el desarrollo del modelo agroexportador y su posterior concentración en manos de la élite gobernante. Los manuales actuales explican que el reparto de las tierras quitadas a los indígenas se realizó por medio de un sistema de cesiones, premios y ventas, que condujo a la concentración de la propiedad en pocas familias, tanto para la producción como para la especulación.

Los nuevos manuales hacen hincapié en el destino de los indígenas: fueron tomados prisioneros, separados de sus familias, deportados a otras regiones y obligados a trabajar en pésimas condiciones.

Actualmente, se hace hincapié en la necesidad del Estado en expandir la frontera hacia el sur para el desarrollo del modelo agroexportador.

El ejemplo que suelen señalar los manuales contemporáneos es el otorgamiento de terrenos a los soldados como forma de pago por sus servicios durante la Campaña del Desierto. Sin embargo, la imposibilidad de mantenerlos y las necesidades económicas provocó que aquellas tierras que estaban ubicadas cerca de algún ramal ferroviario fueran vendidas a bajo precio a las familias de la élite gobernante. Quienes se rehusaban a aceptar las condiciones de los grandes terratenientes fueron presionados para hacerlo.

Los manuales tampoco explican el destino de los indígenas tras la “conquista” ya que lo importante era destacar el triunfo. A partir de ese momento se los excluye del relato. En contraposición a esta lectura, los nuevos manuales hacen hincapié en el destino de los indígenas: fueron tomados prisioneros, separados de sus familias, deportados a otras regiones y obligados a trabajar en pésimas condiciones. Mientras los hombres, fueron trasladados como mano de obra semiesclava a los ingenios azucareros y obrajes madereros, las mujeres y los niños fueron empleados como sirvientes en casas de familia ubicadas en Buenos Aires.

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Los antiguos manuales no explican qué sucedió con los indígenas capturados. Ni de su destino como mano de obra semiesclava en ingenios azucareros o casas de familia, ni de la existencia de campos de concentración en la Isla Martín García, Puán o la Patagonia. Foto: Autor desconocido

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Los antiguos manuales no explican qué sucedió con los indígenas capturados. Ni de su destino como mano de obra semiesclava en ingenios azucareros o casas de familia, ni de la existencia de campos de concentración en la Isla Martín García, Puán o la Patagonia. Foto: Autor desconocido

El cambio de paradigma

Si bien podemos pensar que la concepción del indígena plasmada en los manuales escolares fue impuesta por la elite conservadora que gobernó la Argentina entre 1962 y 1916 con el objetivo de legitimar su accionar, paradójicamente esta versión duró hasta finales del siglo XX. La necesidad de construir una identidad nacional sin la presencia de aquellos que poblaron nuestro territorio antes de la llegada de los españoles está vinculada a una mirada eurocentrista que trascendió a la “generación del '80”.

Este modelo occidental no fue cuestionado ni por los gobiernos radicales ni los peronistas; muchos menos por los conservadores que gobernaron durante la década de 1930 o los golpes militares de las Fuerzas Armadas. Sin distinción de color, todas las fuerzas políticas pensaron que ser “descendientes de los barcos” ayudaría a forjar una identidad nacional que nos mostrara como un país civilizado frente a la barbarie representada por el gaucho y el indio.

Falta mucho para que las nuevas generaciones puedan imponer su mirada crítica: la resistencia de quienes establecieron un discurso eurocentrista y occidental todavía es muy fuerte.

La resistencia de quienes establecieron un discurso eurocentrista y occidental todavía es muy fuerte.

Finalmente, el cambio de paradigma llegó a los manuales escolares e invita a reflexionar a los jóvenes sobre todas las culturas que forjaron el país donde vivimos, fortaleciendo la mirada intercultural y el respeto por la diversidad. Sin embargo, falta mucho para que las nuevas generaciones puedan imponer su mirada crítica: la resistencia de quienes establecieron un discurso eurocentrista y occidental todavía es muy fuerte.

Parte de esta puja por el sentido válido también se da en el campo educativo porque, dada su heterogeneidad, muchas instituciones poseen un discurso que es heredero de la élite dominante de finales del siglo XIX. Lo importante es que los manuales muestran que la posibilidad del cambio es posible y que los jóvenes serán quienes, el día de mañana, deberán discutir las tradicionales narrativas educativas para que se generen otras que interpelen la “historia oficial”.

Jorge Luis Fabián es profesor y Licenciado en Historia, Doctor en Ciencia de la Educación y docente en los niveles medio y superior. Contacto: jorgelfabian@hotmail.com

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