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Lesle Jansen: “En la actual Sudáfrica, las mujeres indígenas son invisibles”

Por Nikita Bulanin

Lesle (frente) durante una consulta en la comunidad indígena Khoisan, provincia de Free State. Foto: Iván Vaalbooi

1° de agosto de 2022

Abogada sudafricana especializada en derecho ambiental y activista por los derechos de los pueblos indígenas de su país, Lesle Jansen forma parte del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones y Comunidades Indígenas de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos. Como integrante de la comunidad indígena de Khoikhoi y una trayectoria de más de 20 años, explica las consecuencias del colonialismo en Sudáfrica y el continente, y cómo se forzó a los indígenas a asumir una identidad mestiza. La defensora de derechos advierte que las mujeres indígenas deben luchar contra los estereotipos construidos desde la colonia.


Nikita Bulanin: ¿Podría explicarnos cómo están conformados los pueblos indígenas de Sudáfrica?

Lesle Jansen: Según nuestra Constitución, todos aquellos sudafricanos que han sido desfavorecidos históricamente son considerados indígenas. Quienes se autoidentifican con el movimiento indígena global y se reconocen a sí mismos como indígenas son los khoe o khoekhoen (también conocidos como khoikhoi), y las comunidades históricas San. Sin dudas, existen subgrupos, por ejemplo, los khoe tienen cinco formaciones principales con numerosas subdivisiones adicionales. Los pueblos indígenas son una minoría dentro de la estructura de la población sudafricana y conforman, quizá, el 5% de los habitantes.

NB: Varios activistas indígenas de Sudáfrica sostienen que, hasta cierto punto, el movimiento indígena sudafricano es revivalista.

LJ: El gobierno que impuso el apartheid dividió a la población en cuatro categorías: blancos, negros, indios y coloured (colorados, mestizos). Esta última incluía a todos los que no encajaban en las tres primeras: hijos de matrimonios mixtos, descendientes de trabajadores malayos que los colonos llevaron a Sudáfrica, y los pueblos indígenas sudafricanos. Se trataba de una identidad forzada que, a pesar de que el apartheid fue desmantelado en 1994, persistió al ser sostenida por la legislación y los efectos de este sistema de segregación. Algunos pueblos indígenas de Sudáfrica, en especial aquellos que lograron conservar la conexión con sus tierras ancestrales, consiguieron preservar su identidad, mientras que otros fueron completamente integrados a la identidad mestiza. A pesar de que luchamos a su lado contra el apartheid, cuando el partido Congreso Nacional Africano llegó al poder en 1994, nos dijo: “Ustedes (los mestizos) no son africanos”. Entonces, tuvimos que descubrir quiénes éramos.

NB: ¿Cómo vivió este proceso su familia?

LJ: Mi padre se realizó un estudio de ADN y descubrió que tenía ascendencia indígena. Al entregarle el resultado a mi abuela, ella no habló del asunto por dos años. Simplemente, mantuvo silencio hasta que estuvo lista. Sentía miedo —miedo a la Iglesia y a las autoridades— porque ella pertenecía a la generación que vivió la transición de una identidad cultural indígena a una identidad mestiza forzada. Por ello, el revivalismo se origina desde la comunidad mestiza que está comenzando a recordar. Se trata de un proceso, y uno muy traumático.

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Los pueblos indígenas son una minoría dentro de la población sudraficana. Lesle (izquierda) durante una consulta en la comunidad indígena khoisan, provincia de Free State. Foto: Iván Vaalbooi

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Los pueblos indígenas son una minoría dentro de la población sudraficana. Lesle (izquierda) durante una consulta en la comunidad indígena khoisan, provincia de Free State. Foto: Iván Vaalbooi

NB: Desde la caída del apartheid, han existido numerosos programas para el fortalecimiento de comunidades vulnerables de Sudáfrica, ¿se han visto beneficiados los pueblos indígenas por los mismos?

LJ: No, no hemos sido beneficiados por las iniciativas de desarrollo. Sí algunos de los grupos más fuertes, como los griekwa y namas, han mantenido históricamente una relación ininterrumpida con la tierra y tienen la posibilidad de acceder a las iniciativas. Pero esto no refleja la situación general, se trata de la excepción y no de la regla. Los proyectos de desarrollo de Sudáfrica se encuentran definidos por normas específicas que evitan perfectamente las zonas donde nosotros, los pueblos indígenas, vivimos. Siempre existe una justificación legal por la cual el gobierno post apartheid excluye a estos pueblos de las iniciativas de desarrollo.

NB: ¿Cómo explicas la falta de atención a las comunidades indígenas por parte del gobierno?

LJ: Para comprender las razones, debemos retroceder un poco en el relato. Lo que ocurre en Sudáfrica no es ajeno a lo que está sucediendo en África en general. El colonialismo europeo apoyó a tribus que eran sedentarias. Nuestra relación con la tierra se correspondía a la vida nómade, de cazadores-recolectores, por lo cual el colonialismo no consideraba que el uso del territorio fuera válido, productivo. Nuestras estructuras de liderazgo eran igualitarias y no tan patriarcales. Entonces, el colonialismo negoció con otras tribus e invirtió en ellas, lo que les dio poder en todo África.

NB: ¿Y qué pasó cuando los países africanos se independizaron?

LJ: Cuando el colonialismo llegó a su fin, los pueblos indígenas no poseían la fortaleza política que sí gozaban otras comunidades tribales. Es así que hoy soportamos el legado de la historia impuesta por los colonialistas. Nos convertimos en carroñeros en nuestra propia tierra. Nuestro territorio comenzó a verse como “tierra de nadie”. En cambio, las tribus políticamente fuertes lograron incluir sus prioridades en la agenda de desarrollo de la Sudáfrica democrática cuando se llevó a cabo la transición a la era post colonial: con la exclusión de los khoikhoi y los san, tenían más fuerza para negociar los términos de autodeterminación. Y esto ocurrió en toda África: cazadores- recolectores y pastores nómades se encuentran en los márgenes de la sociedad.

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Los pueblos indígenas de Sudáfrica no se han beneficiado de las iniciativas de desarrollo. Están al margen de la sociedad sudafricana. Asentamiento indígena en Upington, provincia Septentrional del Cabo. Foto: Nikita Bulanin

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Los pueblos indígenas de Sudáfrica no se han beneficiado de las iniciativas de desarrollo. Están al margen de la sociedad sudafricana. Asentamiento indígena en Upington, provincia Septentrional del Cabo. Foto: Nikita Bulanin

NB: ¿Cómo es la situación de las mujeres indígenas?

LJ: La vida de todas las mujeres en Sudáfrica muestra distintos niveles de lucha cotidiana. Cuidan de sus hijos, hijas y, a su vez, deben proveer dinero para mantener a sus familias. Las condiciones son malas. Sin embargo, la situación de las mujeres indígenas es aún más precaria por su invisibilidad dentro de la sociedad. En el país, no existe ningún movimiento indígena de mujeres. Los derechos de las indígenas ni siquiera son defendidos por el movimiento feminista. Las mujeres indígenas son invisibles. Somos una minoría en estos procesos. Muchas veces, no se trata de una exclusión consciente, pero igualmente nos afecta y las estadísticas lo demuestran.

NB: ¿Y qué sucede particularmente con las niñas y las adolescentes indígenas?

LJ: Los porcentajes de abandono escolar de las niñas indígenas son más altos que los de comunidades mayoritarias. Según cálculos conservadores, cerca del 70% de los estudiantes indígenas no finalizan la educación escolar. Muchas niñas indígenas aspiran a tener una buena educación y a ser exitosas, pero en su vida cotidiana están rodeadas de drogas y violencia, incluida la violencia en escuelas públicas donde los docentes no tienen realmente el control y suelen tenerles miedo a sus alumnos. Además, desafortunadamente, hay mucha violencia sexual: las adolescentes están expuestas desde muy jóvenes. Existen numerosas razones para que esto ocurra: el desmantelamiento de los sistemas educativos indígenas, el patriarcado y la profunda crisis del sistema de educación pública. En consecuencia, las jóvenes indígenas encabezan los índices de embarazo adolescente. La violencia doméstica también es un problema. En las comunidades indígenas, el Síndrome Alcohólico Fetal (SAF) es seis veces más alto que el promedio mundial debido a la herencia del sistema dop: una práctica mediante la cual los trabajadores agrícolas recibían parte de su salario en alcohol. Entonces, si bien durante su juventud las niñas indígenas quieren recibir una buena educación y ser exitosas en sus vidas, este contexto violento y la exposición a situaciones que no deberían enfrentar cambian sus planes y las vuelven invisibles.

NB: Pero seguramente también hay muchas historias inspiradoras...

LJ: Cuando las mujeres indígenas tienen una oportunidad, hacen cosas increíbles. Es inspirador el caso de Ouma Katrina, quien enseña a niños indígenas la lengua N|uu ya que ella es prácticamente una de las únicas que la habla. También es destacable el hecho de que activistas indígenas, inclusive la lideresa indígena Chantal Revell, se dirigieran a la Corte Constitucional el año pasado y desafiaran nuestro sistema político de tal forma que ahora un ciudadano puede presentarse a las elecciones como un individuo y no solo como partido político. Esto fue muy significativo. También me inspiró mi mamá que creció como mestiza y nadie le transmitió el conocimiento indígena para sanar utilizando plantas. ¡Pero lo sabía! Incluso hoy emplea este saber con mi propio hijo. Hay muchos ejemplos de mujeres que hacen cosas maravillosas cuando tienen una oportunidad.

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Asentamiento informal de Strandfontein, Ciudad del Cabo. Foto: Nikita Bulanin

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Asentamiento informal de Strandfontein, Ciudad del Cabo. Foto: Nikita Bulanin

NB: Teniendo en cuenta la invisibilización de los pueblos indígenas de Sudáfrica y, en especial, de las mujeres indígenas, ¿qué cree que debe hacerse para cambiar la situación?

LJ: Hasta hace poco, Sudáfrica tenía 11 idiomas oficiales. Recientemente, sumaron el número 12, el lenguaje de señas y no de una lengua indígena. Para responder tu pregunta, lo primero que debe hacerse para combatir la invisibilidad es dar estatus oficial a nuestras lenguas ancestrales. Mi hijo tiene 15 años y desde su nacimiento he luchado para registrarlo con su nombre indígena porque el actual se encuentra anglicanizado y eso cambia el significado. Debimos inscribir su nacimiento con el nombre anglicanizado para asegurarnos su ciudadanía. En relación a las mujeres, enfrentan muchos estereotipos históricos. Por ejemplo, nos acusan falsamente de ser promiscuas y violentas. Esto se remonta a la época de Sara Baartman [una mujer indígena khoikhoen que, en el siglo XIX, fue víctima de trata de personas y expuesta en espectáculos como una rareza africana]. Ella es el símbolo de nuestro sufrimiento. Incluso en la actualidad existen instituciones que continúan difundiendo estos estereotipos. Esto debe terminar. De la misma manera, sin dudas, nuestra tierra ancestral debe ser foco de atención. Hay legislación y decisiones judiciales que no favorecen la posibilidad de recuperar nuestro territorio. No somos parte formal del proceso de reforma y restitución de la tierra. Y necesitamos que Sudáfrica comience a distribuir los recursos para nuestro desarrollo.

NB: ¿Recomienda algún libro, película o podcasts para aquellos que quieran conocer más sobre los pueblos y las mujeres indígenas de Sudáfrica?

LJ: Me gustaría recomendar la película Rooibos restitution sobre una victoria clave de la cual participé como abogada: relata la lucha de los khoikhoi y los san por el reclamo de parte de los beneficios de la industria del té de Rooibos por el uso de su conocimiento tradicional sobre esta especie. También quisiera compartir el trabajo de una periodista khoikhoi, Sylvia Vollenhoven, quien fue la directora de la película. Desde mi punto de vista, su libro The Keeper of the Kumm es excepcional ya que escribió de la forma en que los pueblos indígenas piensan. Por otra parte, el Doctor Willa Boezak es uno de nuestros historiadores indígenas y sus artículos son muy recomendables.

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