Carta de un indio remiso

Por Lukas Avendaño

1º de junio de 2020

El artista reflexiona sobre su condición de muxe a partir de la influencia que tuvo en él la teología de la liberación, promovida por el obispo Don Arturo Lona en la Diócesis de Tehuantepec, al sureste de México. Cuando era un joven estudiante y participaba en las comunidades eclesiales de base en el contexto zapoteca aprendió a reconciliar su muxeidad con una espiritualidad de la vida.

En el Istmo de Tehuantepec, la calidad muxe contrasta con ser muxe fuera de la región. En el istmo se es muxe, un gesto cultural distintivo de la milenaria cultura zaa (zapoteca/binni zaa/zaa). Fuera del istmo, ser muxe significa ser puto u homosexual.

Algunos saberes locales afirman que lo muxe ha existido o coexistido ancestralmente en la cultura zaa. Pero cuando uno pregunta desde cuándo existe lo muxe unos responden: “Desde que Eva y Adán comieron la manzana, y fueron expulsados del paraíso se torció el mundo”. Otros contarán que existe desde que San Vicente Ferrer (1350-1419), el santo patrono dominico de Juchitán, “andaba repartiendo putos por el mundo, se le rompió la bolsa donde los traía y los multiplicaron”. Algunos más responderán: “Desde quién sabe cuándo”.

Las dos primeras formas de explicar el origen de la muxeidad ubican la existencia de lo muxe en una temporalidad. En la versión de Eva y Adán, lo muxe existe desde que se torció el mundo: la expresión “torció” (según la Real Academia Española, “desviar(se) de la posición o trayectoria habituales”) los hace ver como imperfectos, tocados por el pecado y desaprobados por Dios a consecuencia de la desobediencia. En la segunda, se narra su surgimiento en el siglo XV con San Vicente Ferrer. Ambas expresiones apelan a relatos cristianos, lo que por default le quita validez a la premisa de que la muxeidad es una expresión legítimamente zaa ya que las dota de una temporalidad occidental, remitiéndolas a un contexto inexistente en la cosmovisión zaa.

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De modo diferente, en la expresión “desde quién sabe cuándo”, cabe la posibilidad de la existencia de la muxeidad desde tiempos anteriores al contacto con los peninsulares. Para comprender esta diferencia propongo dos hipótesis:

1. La Gracia. En las comunidades zapotecas o con ascendencia zaa suele decirse “¡ni gracia contigo!” como forma de desaprobación. O se dice “¡pero gracia tiene!” como aprobación, reconociendo alguna habilidad en la persona para expresiones estéticas como crear adornos florales, danzar, diseñar textiles, hablar, caminar, maquillarse o contar chistes con humor. Esta gracia acompaña lo muxe y los define como seres de gracia, que incluye la oralidad: anécdotas, chistes y cuentos, o el simple hecho de hablar que se hace con gracia. La gracia existe en ellos.

2. La Guenda. Entre los hablantes del didxazaa (zapoteco) existe una palabra que es sustituida por la palabra en castellano “gracia” y es “guenda”, es decir, el “ser” (el espíritu de origen, de la fuente, raíces, tótem, nagual, alma, don, facultad, virtud, talento mágico, prístino, originario, primitivo, identidad, mente, cerebro), relativo a la herencia cultural. Todas las cosas poseen su guenda, incluso las palabras están dotadas de guenda. ¿Se trata de una traducción del nagual y del tonal mesoamericano?

“Existe una conexión de la muxeidad con la cultura zaa desde tiempos precolombinos.”

Entonces, si el guenda es el ser, es también la energía creadora. Y cuando se asocia con la muxeidad podemos decir que existe una conexión de la muxeidad con la cultura zaa desde tiempos precolombinos. Así, tenemos en el guenda los primeros vestigios de la existencia muxe en la cultura zaa, cuando menos desde el periodo posclásico zapoteca.

Si bien el guenda nos ayuda a entender por qué se asocia al “ser muxe” con la gracia, es importante hacer un ejercicio de larga duración, siguiendo a Fernand Braudel, cuando dice que lo que más tarda en cambiar de las sociedades son “las mentalidades” porque se encuentran atravesadas por la coyuntura, el acontecimiento y la larga duración. Podemos decir entonces que tanto el guenda como la gracia encuentran su explicación en la larga duración.

La muxeidad como práctica subversiva

Lo muxe existe en la medida en que es un “hecho social total”. Por ello, no conviene hablar de lo muxe, sino de la muxeidad. Habría que considerar muchas variables que no solo incumben a lo muxe, sino también a las masculinidades, a la feminidad y al rito de paso del “desvirgamiento”, al erotismo y a la sensualidad por la vida en el sentido más amplio. A los ojos de los dxu (es decir, los otros, en referencia a los forasteros), los muxes somos una sociedad matriarcal, zoofílica, pedofílica y bárbara porque degollamos toros, chivos y marranos; decapitamos gallinas; festejamos y exhibimos la sangre del desgarramiento del himen de las vírgenes; y porque somos permisivos y tolerante con los homosexuales.

De existir un tercer género muxe, existiría inserto en el tejido sociocultural de la colectividad. La colectividad enuncia, visibiliza y nombra, dando existencia real o simbólica. Los muxes aportan el capital social, económico o simbólico que se recapitaliza en la medida en que se encuentran insertos en las prácticas culturales de esa colectividad, cumpliendo con los compromisos y participando en las dinámicas internas. Este “tercer género” se construye solamente en la participación cotidiana de todas las esferas públicas y privadas: eso significa ser comunidad.

“Una cualidad del ser muxe es la vocación de servicio para la comunidad.”

En la lógica del capitalismo nadie tiene otra forma de ser, sino compitiendo y comparándose con las y los otros. Y ya que en el capitalismo la tradición no es un valor a intercambiar o que genere dinero, tampoco es un bien de cambio que genere plusvalía. Por lo tanto, nuestras tradiciones quedan fuera de la competencia porque ningún muxe dirá que es el mejor rezador del barrio o que adorna más bonito al santo o a la virgen para su fiesta. Ellos solo se esmeran como un gesto instintivo y empírico por su carácter de guenda y gracia. Una cualidad del “ser muxe” es la vocación de servicio para la comunidad. Una manifestación muxe fuera del contexto, ¿realmente está generando comunidad y colectividad? ¿Fortalece el tejido social sobre el que se inaugura y configura? ¿O es una estrategia queer para irrumpir en las subjetividades hegemónicas?

Tratándose de personas con “don” o guenda, si buscaran usarlo para la pretensión podrían llegar a perderlo: el guenda te abandona, entre más grande es el deseo de competir, mayor es la posibilidad de perder el “don”. El muxe no se mueve por ser el mejor, lo mueve su guenda como gracia, lo mueve su deseo de servir, de cumplir con sus compromisos y sus promesas. De ahí el espíritu del desapego, del ofrendar, de repartir sus bienes reales o simbólicos, de acumular para después derrochar, como el potlatch entre los Kwakiutl. Esta manifestación de ofrecerse u ofrendarse para ayudar y servir es lo que le da al muxe reconocimiento social, respeto y lugar dentro de la estructura social. Porque tienen guenda y gracia y no porque sean los mejores.

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Entonces qué es la muxeidad

Es una forma de vida circunscrita a un espacio geográfico en la región del Istmo de Tehuantepec, en el estado de Oaxaca, que está latente en las sociedades con “estilo étnico” zapoteca. Fuera del Istmo de Tehuantepec, muxeidad es “poligamia”, “incesto” y “estupro”: se utiliza para describir lo irracional, la superstición, las creencias, las idolatrías, la sodomía y el pecado nefando que habita en un “asqueroso” cuerpo homosexual. Esa muxeidad es “protagonizada” por personas que nacen con pene y testículos, pero viven su cotidianidad asumiendo roles culturales que para la hetereonorma son considerados de “no de varones”. La muxeidad es también una poética de la vida, una subjetividad de asumir y vivir los cuerpos de forma menos ortodoxa, que contrasta con la escrupulosa mirada de la heteronormatividad.

Por otro lado, es una economía galopante y generadora de excedentes capaces de ser las y los proveedores del núcleo familiar, generosa con los sobrinos y con sus padres, practicada desde la guelaguetza, la guendaliza, el tequio y lo común.

“La muxeidad es también una poética de la vida, una subjetividad de asumir y vivir los cuerpos de forma menos ortodoxa”

Muxeidad es una estética que se refleja en la forma y maneras de adornar los espacios festivos.

Muxeidad es una manera deliberada, abierta y franca de cuestionar y falsear algunas enunciaciones patriarcales como “criterios de verdad”.

Muxeidad es un baluarte celoso de la religiosidad sincrética y de la desnudez de los santos y las vírgenes.

Muxeidad es la mano en la que se apoyan los padres y madres en su senectud.

Muxeidad es una manera de iniciarse y descubrirse en el ejercicio de la sexualidad sin miedos, sin culpas, sin remordimientos y sin pecados concebidos.

Muxeidad es una manera de contradecir el libro de Levítico 20:13: “Si alguno se ayuntare con varón como con mujer, abominación hicieron; ambos han de ser muertos; sobre ellos será su sangre”.

Muxeidad es la ruptura del paradigma judeocristiano de la sexualidad, de la propiedad privada del cuerpo, de la familia heteronormativa y de la monogamia.

Muxeidad es una posibilidad de enamorarse y ser feliz, aunque tu amante solo pase por tu casa.

Muxeidad es ser autosuficiente económicamente y tener una cama que ocasionalmente se entibia por un amante casual.

Muxeidad es ser el coreógrafo de los cumpleños de 15 de las mujeres del barrio.

Muxeidad es ser entrenado como macho alfa, aunque el lomo plateado sea esmalte en las uñas y el pelo en el pecho las extensiones o plumas en la cabeza.

Muxeidad es una vasija mesoamericana que no se convirtió en tepalcate.

Muxeidad es un códice que se salvó de las llamas del fuego eterno del infierno.

Muxeidad es un significante polisémico.

Muxeidad es un alfabeto y muxe un fonema.

Muxeidad es la manera de una colectividad de asumir valores, formas y ritmos propios.

Lukas Avendaño es muxe, antropólogo y performer. Su figura fue conocida internacionalmente a través del corto documental "La utopía de la mariposa", que narra su lucha por encontrar a su hermano menor, Bruno, desaparecido el 10 de mayo de 2018.