Ante la decisión de la COP 30 de no hacer mención a la extracción de petróleo, gas y carbón, 24 países decidieron organizar la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles en Colombia. De este modo, se puso de relieve que una transición energética justa requiere una transformación económica de gran alcance y no solo un cambio sectorial. Para los Pueblos Indígenas, estos debates no son abstractos: son realidades vividas día a día a través del impacto del extractivismo en sus territorios. Entre los debates generados, sus voces contribuyeron a orientar el discurso hacia la justicia territorial, los límites de los mercados de carbono y los riesgos del extractivismo “verde”.
Entre el 24 y el 29 de abril, se realizó en Santa Marta, Colombia, la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles: un encuentro global orientado a avanzar en vías concretas y justas para eliminar progresivamente el petróleo, el carbón y el gas, al tiempo que se acelera la transición hacia economías equitativas y bajas en carbono. Coorganizada por Colombia y los Países Bajos, la conferencia surgió de un impulso político generado en la COP 30 de Belém.
En la Conferencia de las Partes realizada al norte de Brasil, 24 países reaccionaron ante el hecho de que la decisión principal, la decisión Mutirão, omitiera cualquier referencia directa a los combustibles fósiles, reflejando la oposición de los países productores y las divisiones entre los bloques negociadores. En respuesta, estos países emitieron la Declaración de Belém sobre la transición fuera de los combustibles fósiles, en la que se exige una acción coordinada entre los Estados para acelerar la eliminación progresiva de los combustibles fósiles y anclar la acción climática en enfoques basados en la ciencia y en los derechos.
Alcanzar los objetivos del Acuerdo de París y cumplir las obligaciones de los Estados de proteger el medio ambiente requerirá una cooperación internacional sin precedentes para garantizar que ningún país ni comunidad quede atrás. Según los organizadores, la conferencia se guió por un conjunto de principios centrados en la acción, la evidencia científica y la participación inclusiva. Es un espacio para los gobiernos y las partes interesadas que están comprometidas con el avance de una transición justa, ordenada y equitativa que permita alejarse de los combustibles fósiles, priorizando la implementación y las soluciones prácticas en lugar de continuar con el diagnóstico o la persuasión.

Una conferencia climática centrada en los combustibles fósiles
La conferencia se estructuró en torno a tres pilares temáticos. El primero se centró en superar la dependencia económica de los combustibles fósiles, promoviendo la diversificación económica y la reconversión productiva. El segundo eje abordó la necesidad de transformar la oferta y la demanda, impulsando el cambio de combustible, la soberanía energética y el acceso equitativo a la energía, junto con la eliminación gradual de los factores que impulsan la demanda. Asimismo, se propuso la reducción progresiva de la extracción de combustibles fósiles, incluyendo las responsabilidades medioambientales, la distribución equitativa de impactos, la cobertura de costes y la gestión de activos varados, así como la reorientación de los subsidios hacia las energías limpias.
Finalmente, el tercer pilar estuvo orientado a promover la cooperación internacional y la diplomacia climática para cerrar las brechas en la implementación, la gobernanza y la cooperación, incluidos los desafíos en el marco de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). De este modo, la conferencia se propuso abordar las barreras jurídicas internacionales, en particular aquellas vinculadas a los mecanismos de solución de controversias entre inversores y Estados.
Los combustibles fósiles siguen siendo el principal motor de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin estrategias específicas para reducir tanto su producción como su uso, limitar el calentamiento a 1,5 °C está cada vez más fuera del alcance.
Los combustibles fósiles siguen siendo el principal motor de las emisiones de gases de efecto invernadero.
A diferencia de otras cumbres climáticas, que a menudo abordan múltiples asuntos en materia de mitigación, adaptación y financiación, este evento se enfocó exclusivamente en los combustibles fósiles. La conferencia buscó reunir a gobiernos, sociedad civil, Pueblos Indígenas, comunidades afrodescendientes, trabajadores, jóvenes, academia y actores privados para codiseñar políticas viables y hojas de ruta orientadas a avanzar más allá de la energía fósil.
Este enfoque es fundamental porque los combustibles fósiles siguen siendo el principal motor de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin estrategias específicas para reducir tanto su producción como su uso, limitar el calentamiento a 1,5 °C está cada vez más fuera del alcance. Las proyecciones gubernamentales indican que la producción planificada de combustibles fósiles superaría los niveles compatibles con el Acuerdo de París en más de un 120 % para 2030. Para 2050, podría ser unas 4,5 veces superior a la compatible con una trayectoria de 1,5 °C. Estas proyecciones ponen de relieve la urgencia de una acción global coordinada para eliminar progresivamente el carbón, el petróleo y el gas.

Implicaciones para los derechos de los Pueblos Indígenas
Uno de los objetivos principales de la Conferencia era crear un espacio de diálogo entre gobiernos, expertos, la sociedad civil y los Pueblos Indígenas y Afrodescendientes para intercambiar puntos de vista sobre las vías hacia una transición justa. La Conferencia fue concebida explícitamente como un foro de diálogo y definición de agenda, en el que se plantearon propuestas; entre ellas, la posible creación de un panel global de expertos para acelerar la transición fuera de los combustibles fósiles, aunque ninguna fue formalmente adoptada.
Si bien este enfoque inclusivo reconoció el papel de los Pueblos Indígenas y creó oportunidades para su participación, no estableció salvaguardas concretas, ni garantizó su autoridad en la toma de decisiones, ni incorporó mecanismos de rendición de cuentas que aseguren el respeto de los derechos indígenas en el proceso de transición energética. Un ejemplo de este reconocimiento parcial es que se realizó una ceremonia indígena en la inauguración de la conferencia antes del presidente: miembros del Pueblo Arhuaco de la Sierra Nevada de Santa Marta, que cuentan con una larga trayectoria en la protección de sus territorios ancestrales, abrieron el evento con un ritual tradicional de armonización, celebrado en su idioma y acompañado de instrumentos ancestrales.
Se plantearon temas relevantes para los Pueblos Indígenas: la necesidad de una participación significativa en las estrategias de transición energética; la valoración de los conocimientos y liderazgos indígenas; y la preocupación por los impactos socioeconómicos.
Los representantes indígenas destacaron la importancia de ser incluidos en cualquier esfuerzo futuro para poner fin a la extracción de combustibles fósiles.
Paralelamente, delegaciones indígenas de la Amazonía de toda Latinoamérica y otras regiones del mundo acudieron a la conferencia con el objetivo explícito de presionar para que se adoptaran medidas más contundentes. Esta amplia participación refleja la frustración por la falta de compromisos significativos en los procesos climáticos mundiales y el reclamo generalizado por una transición basada en derechos, que aborde las causas fundamentales de la crisis. Sin embargo, estos elementos se quedaron en el ámbito de la presión política, en lugar de convertirse en compromisos respaldados por los Estados.
En lugar de adoptar decisiones vinculantes, la Conferencia funcionó principalmente como un espacio político y de definición de la agenda. En este contexto, se plantearon varios temas relevantes para los Pueblos Indígenas: la necesidad de una participación significativa en las estrategias de transición energética; la importancia de basar tales estrategias en marcos de derechos humanos y justicia; la valoración de los conocimientos y liderazgos indígenas; y la preocupación por los impactos socioeconómicos de la eliminación gradual de los combustibles fósiles en los territorios afectados. Los representantes indígenas también destacaron la importancia de ser incluidos en cualquier esfuerzo futuro para poner fin a la extracción de combustibles fósiles.

Oportunidades y expectativas de la conferencia
Los representantes indígenas instaron a la Conferencia a rechazar la reproducción de la violencia extractiva a través de la minería “verde” y abordar las barreras estructurales que impiden el acceso a la justicia. En este sentido, los Pueblos Indígenas de las siete regiones socioculturales presentaron una posición estructurada: el pleno respeto del derecho a la autodeterminación y al consentimiento libre, previo e informado; la protección jurídica de sus territorios y aguas; el fin del de extractivismo, incluidas la minería “verde” y la geoingeniería; una financiación climática directa, accesible y sostenida para estrategias de transición justa lideradas por los Pueblos Indígenas; y la valoración de los sistemas de conocimiento y la gobernanza indígenas como fundamentos de la acción climática.
Además, los Pueblos Indígenas pidieron que estas normas y propuestas quedaran reflejadas de forma explícita en el informe final de esta Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles. Asimismo, los líderes y lideresas exigieron incluir salvaguardas mínimas para garantizar una participación significativa con poder de decisión, la protección de los defensores indígenas, la trazabilidad de las inversiones relacionadas con la transición y, garantías para la seguridad y la soberanía energéticas de los Pueblos Indígenas.
Los países participantes acordaron elaborar “hojas de ruta” nacionales para orientar la transición hacia la eliminación progresiva del petróleo, el gas y el carbón, lo que supone un paso de los compromisos generales hacia una planificación más operativa.
Los países participantes acordaron elaborar “hojas de ruta” nacionales para orientar la transición hacia la eliminación progresiva del petróleo, el gas y el carbón.
La conferencia supuso un cambio en el enfoque, ya que el documento de “conclusiones” reconoció a los Pueblos Indígenas como participantes del proceso y como actores relevantes en el acceso a la financiación y las soluciones energéticas. Sin embargo, este reconocimiento sigue siendo limitado y, en gran medida, instrumental: se hace referencia a los indígenas junto a una amplia gama de partes interesadas, prestando una atención superficial a sus derechos. En efecto, el documento no incorpora la autodeterminación, el consentimiento libre, previo e informado, o la protección de los territorios y los sistemas de gobernanza indígenas como elementos fundamentales de la transición. En consecuencia, los incluye pero no refleja un enfoque basado en los derechos que sitúe a los Pueblos Indígenas como actores centrales en la toma de decisiones para configurar vías de transición equitativas.
Los países participantes acordaron elaborar “hojas de ruta” nacionales para orientar la transición hacia la eliminación progresiva del petróleo, el gas y el carbón, lo que supone un paso de los compromisos generales hacia una planificación más operativa. Entre los resultados se incluyen la creación de líneas de trabajo específicas (como las dependencias macroeconómicas y financieras; y la armonización entre productores y consumidores) junto con la puesta en marcha de un panel científico internacional para respaldar la formulación de políticas basadas en datos empíricos. Finalmente, la conferencia puso especial énfasis en la necesidad de abordar los factores estructurales que impulsan la dependencia de los combustibles fósiles: las restricciones fiscales, la carga de la deuda y las asimetrías en la arquitectura financiera mundial.

De cara al futuro
Si bien no se adoptaron acuerdos vinculantes, la Primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles reunió a más de 50 países en un esfuerzo compartido y contribuyó a redirigir el debate mundial hacia pasos concretos: la reforma de los subsidios, la reestructuración financiera y el fortalecimiento de la cooperación internacional. De manera crucial, subrayó que el desafío central ya no es si se deben eliminar gradualmente los combustibles fósiles, sino cómo hacerlo de forma coordinada, económicamente viable y fundamentada en la justicia. Particularmente, para los Pueblos Indígenas y otras comunidades de primera línea cuyos territorios y medios de vida se ven más directamente afectados.
La conferencia abrió un posible nuevo espacio político en la gobernanza climática mundial, situando la eliminación progresiva de los combustibles fósiles en el centro del debate internacional y poniendo de relieve las cuestiones de justicia, deuda y desarrollo. Sin embargo, tal como lo demuestran los casos presentados, el impulso político por sí solo resulta insuficiente sin una rendición de cuentas estructural.
En Santa Marta, los Pueblos Indígenas ejercieron una influencia significativa en la configuración del tono y el enfoque del evento, contribuyendo a orientar el discurso hacia la justicia territorial, los límites de los mercados de carbono y los riesgos del extractivismo “verde”. No obstante, su influencia sigue siendo desigual: no fueron involucrados de manera estructural en los procesos de toma de decisiones y no surgieron compromisos vinculantes para salvaguardar sus derechos.
Rosario Carmona es doctora en Antropología y trabaja como consultora del programa sobre clima del Grupo Internacional de Trabajo sobre Asuntos Indígenas (IWGIA).