De la reivindicación territorial al autogobierno indígena: avances, tensiones y perspectivas en Bolivia

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Aprobación del Manifiesto de Asamblea ordinaria de la Coordinadora Nacional de Autonomías Indígenas Originarias Campesinas (CONAIOC) en el Gobierno Autónomo Indígena Originario Campesino Yura. Foto: CENDA / Betzabe Saca

A partir de la Constitución Política de 2009 y tras un largo proceso, se han constituido nueve Gobiernos Autónomos Indígena Originario Campesinos, que se encuentran en diferentes momentos de implementación y ejercicio de la gestión pública. Esta trayectoria ha generado normas, reglamentos, procedimientos e instrumentos a partir de las experiencias concretas de los propios territorios. Sin embargo, su constitución no garantiza la capacidad efectiva para ejercer poder y tomar decisiones sobre asuntos estratégicos que afectan a sus territorios.

Han transcurrido más de 15 años desde la aprobación de la Constitución Política del Estado de 2009, que reconoció el derecho de las naciones y Pueblos Indígena Originario Campesinos a la libre determinación, la autonomía y el autogobierno. Este reconocimiento abrió una nueva etapa en la historia de las luchas indígenas en Bolivia y permitió avanzar hacia la institucionalización de formas propias de gobierno dentro de la estructura del Estado Plurinacional.

Sin embargo, las Autonomías Indígena Originario Campesinas (AIOC) no surgieron con la Constitución de 2009. Son el resultado de un largo proceso de reivindicación territorial, recuperación de autoridades, reconstrucción de instituciones comunitarias y búsqueda de reconocimiento político. Así, después de más de 15 años de implementación, el problema actual ya no consiste en determinar si las autonomías han logrado constituirse institucionalmente, sino hasta qué punto estas instituciones han permitido transformar las relaciones de poder y fortalecer la capacidad de los Pueblos Indígenas para gobernar sus territorios.

Desde esta perspectiva, la trayectoria de las autonomías indígenas debe entenderse como una reforma político-administrativa del Estado y como una disputa histórica por el poder territorial. La cuestión central es analizar si la institucionalización de las AIOC está permitiendo que las estructuras históricas de autogobierno se orienten efectivamente a la gestión pública y territorial, o si existe el riesgo de que los gobiernos autónomos reproduzcan las lógicas administrativas de la institucionalidad estatal.

Miskínchada (ronda de baile) en el territorio del Gobierno Originario Challa. Las Autonomías Indígena Originario Campesinas son fruto de la reivindicación territorial y la recuperación de autoridades e instituciones comunitarias. Foto: CENDA / Betzabé Saca Choque 

De la reivindicación territorial a la búsqueda de autoridad

A lo largo de la historia, los Pueblos Indígenas de Bolivia han desarrollado diversas estrategias de lucha, resistencia y negociación para defender y reivindicar la tierra y el territorio. La defensa no se limitó al acceso a la tierra, sino que estuvo vinculada también con las formas propias de organización, autoridad, gestión de recursos y reproducción de la vida comunitaria. En este proceso, la Marcha por el Territorio y la Dignidad de 1990 constituyó un momento importante para visibilizar las demandas indígenas e incorporar el territorio como una cuestión central de la agenda política nacional. La demanda por los territorios indígenas comprendía también el reconocimiento de sus formas propias de organización y de su derecho a decidir sobre los asuntos que afectan su vida colectiva.

Posteriormente, estas reivindicaciones se tradujeron en procesos de titulación colectiva como Tierras Comunitarias de Origen (TCO). La titulación contribuyó a fortalecer la seguridad territorial, la cohesión organizativa y la identidad cultural, y permitió desarrollar procesos y planes de gestión territorial. De esta manera, la titulación colectiva constituyó una base fundamental para el posterior proceso autonómico, al permitir avanzar desde la reivindicación y defensa del territorio hacia una demanda más amplia: ejercer autoridad, tomar decisiones y gobernar el propio territorio. Sin embargo, cabe aclarar, la propiedad colectiva no siempre fue suficiente para garantizar el control efectivo frente a presiones externas, particularmente aquellas vinculadas con actividades extractivas.

La Constitución Política en 2009 abrió una nueva etapa. La Autonomía Indígena Originario Campesina fue reconocida como una forma de organización territorial del Estado y como expresión del derecho de los Pueblos Indígenas al autogobierno.

La experiencia municipal mostró los límites de la participación indígena dentro del municipio y la necesidad de avanzar hacia formas de gobierno con mayor capacidad de decisión sobre el territorio.

Un segundo momento se produjo durante la década de 1990, con la municipalización y la participación popular. Las organizaciones indígenas comenzaron a buscar mecanismos para intervenir en la gestión pública local y orientar las instituciones municipales hacia las demandas de las comunidades. La participación en la planificación y el control social, la creación de distritos municipales indígenas, la elección de subalcaldes mediante procedimientos propios y la incorporación de mecanismos comunitarios en la gestión pública constituyeron experiencias importantes. Sin embargo, los límites de la participación indígena dentro del municipio motivaron la necesidad de avanzar hacia formas de gobierno con mayor capacidad de decisión sobre el territorio.

La promulgación de la Constitución Política del Estado en 2009 abrió una nueva etapa. La Autonomía Indígena Originario Campesina fue reconocida como una forma de organización territorial del Estado y como expresión del derecho de los Pueblos Indígenas al autogobierno. Los primeros procesos (Charagua, Uru Chipaya y Raqaypampa) experimentaron distintas formas de articulación entre las estructuras históricas de autogobierno y los nuevos gobiernos autónomos. Las asambleas territoriales y otras instancias comunitarias mantuvieron un papel central en la deliberación, la toma de decisiones y la orientación de la gestión pública.

Reunión de las Autonomías Indígenas de Tierras altas en la Asamblea Ordinaria. La titulación colectiva constituyó una base fundamental para el posterior proceso autonómico. Foto: CENDA / Betzabé Saca Choque

La construcción del autogobierno indígena

La constitución de los nueve gobiernos autónomos representa un avance institucional de las formas de gobierno que se construyen. Un primer elemento es la elección de autoridades mediante normas y procedimientos propios, sin intervención de partidos políticos. Las elecciones se desarrollan en asambleas y cabildos, y recurren a mecanismos como la aclamación, la fila y otras prácticas propias. En Charagua, las formas de elección de las capitanías (las estructuras de organización territorial del pueblo Guaraní) se articulan con el voto universal en las zonas urbanas, configurando una experiencia de democracia intercultural. En otras autonomías también se incorporan principios como la rotación o muyu, la trayectoria y experiencia expresada en el thaki, y la complementariedad entre hombres y mujeres.

Un segundo elemento es la representación política vinculada con la estructura territorial. Los ayllus, capitanías, subcentrales y centrales cuentan con representación en las instancias de gobierno. En Raqaypampa, la representación legislativa se distribuye entre las cinco subcentrales; en Challa, la Asamblea Originaria está integrada por representantes de los tres ayllus y el Consejo de Justicia incorpora igualmente esta representación territorial. Otro aspecto es el reconocimiento de la asamblea territorial como espacio de deliberación, decisión y control social. Así, las autoridades del gobierno autónomo no sustituyen necesariamente a las estructuras comunitarias, sino que deben articularse con ellas.

En conjunto, estas experiencias muestran que las autonomías están introduciendo elementos y mecanismos de las estructuras comunitarias dentro del Estado y generando nuevas formas de ejercicio del poder local.

Las autonomías están introduciendo elementos y mecanismos de las estructuras comunitarias dentro del Estado y generando nuevas formas de ejercicio del poder local.

A ello se suma el ejercicio de la democracia comunitaria dentro de la institucionalidad autonómica. Las prácticas de deliberación colectiva, representación territorial, rotación, elección mediante normas y procedimientos propios y control comunitario adquieren un lugar dentro del gobierno autónomo. Estas prácticas se articulan con mecanismos de democracia representativa, como ocurre en Charagua. Un último avance relevante es la incorporación de la Jurisdicción Indígena Originario Campesina (JIOC) como parte del ejercicio del autogobierno. Los estatutos incorporan normas, procedimientos y autoridades propias para la resolución de conflictos, en articulación con las estructuras territoriales. 

En conjunto, estas experiencias muestran que las autonomías están introduciendo elementos y mecanismos de las estructuras comunitarias dentro del Estado y generando nuevas formas de ejercicio del poder local. A través del ejercicio del derecho al autogobierno, los Pueblos Indígenas están definiendo desde el nivel local los términos de su participación e incorporación en el Estado, aunque aún sea necesario superar numerosas barreras burocráticas, las exigencias administrativas y los obstáculos normativos. En consecuencia, han construido progresivamente una ruta de implementación.

Aprobación del Manifiesto de Asamblea ordinaria de la CONAIOC en el GAIOC Yura. Las elecciones de autoridades se desarrollan en asambleas y cabildos. Foto: CENDA / Betzabé Saca Choque

Tensiones y límites de la autonomía indígena

A pesar de estos avances, persisten importantes limitaciones para convertir el reconocimiento formal del autogobierno en una capacidad efectiva de gestión y control territorial. Una primera limitación es que la gestión pública continúa fuertemente condicionada por normas y procedimientos nacionales. Esto reduce el margen de los gobiernos indígenas para definir el destino de los recursos de acuerdo con sus prioridades, potencialidades y formas propias de gestión. La administración de los recursos mantiene todavía características similares a la gestión municipal, situación que ha llevado a las organizaciones de las autonomías indígenas a plantear una propuesta de Ley de Gestión Pública que permita incorporar mecanismos locales.

Otra dificultad es la escasa generación de recursos propios, que limita la capacidad de desarrollar políticas y acciones con mayor autonomía respecto de las competencias y recursos provenientes del Estado central. A esto se suma el largo y complejo proceso burocrático, administrativo y jurídico para acceder e implementar una autonomía indígena. Finalmente, existen conflictos y tensiones internas relacionados con la representación política, las sedes de gobierno, el reconocimiento de distintos sectores, las visiones de desarrollo, la superposición de formas de organización territorial y la presencia de diversos actores e intereses.

Estas limitaciones permiten identificar una tensión fundamental: la institucionalización de la autonomía no garantiza por sí misma el ejercicio efectivo del autogobierno. Después de más de quince años de implementación, resulta necesario analizar hasta qué punto  los gobiernos autónomos indígenas están fortaleciendo su capacidad efectiva para ejercer poder y tomar decisiones sobre el territorio. Las autonomías cuentan con estatutos, autoridades, órganos legislativos y ejecutivos, presupuesto y sistemas administrativos; pero todavía enfrentan limitaciones para intervenir en asuntos estratégicos que afectan sus territorios.

Raquel Antunez, presidenta de la CONAIOC. La escasa generación de recursos propios limita la capacidad de desarrollar políticas y acciones con mayor autonomía. Foto: CENDA / Betzabé Saca Choque

Del gobierno formal al autogobierno real del territorio

Actualmente, los gobiernos autónomos indígenas se encuentran en un proceso de construcción y fortalecimiento de mecanismos propios de gestión pública, buscando articular la administración de los recursos económicos con sus estructuras institucionales y territoriales. Entre estas experiencias se encuentran la contratación de proveedores locales, mecanismos de planificación y fiscalización comunitaria, protocolos de consulta previa y normas relacionadas con el cuidado y uso de los bienes comunes. Estos mecanismos muestran un esfuerzo por adecuar progresivamente la gestión pública a las características y prioridades de cada territorio.

La constitución de los gobiernos autónomos también ha producido una reconfiguración de las relaciones de poder en los territorios. La institucionalización de nuevas formas de representación y decisión ha abierto espacios de participación y redistribución del poder político. Las asambleas territoriales adquieren un papel importante en la elección de autoridades, la definición de prioridades de planificación y el control de la gestión de los recursos públicos.

En el Ayllu Jatun Ayllu Yura, las organizaciones han planteado demandas relacionadas con los beneficios económicos derivados de actividades hidroeléctricas desarrolladas en su territorio.

En el Ayllu Jatun Ayllu Yura, las organizaciones han planteado demandas relacionadas con los beneficios económicos derivados de actividades hidroeléctricas.

Sin embargo, el control efectivo del territorio mediante el ejercicio del autogobierno todavía es incipiente. Buena parte de las competencias reconocidas a los gobiernos autónomos se concentra en la gestión administrativa, mientras que las decisiones estratégicas sobre determinados recursos naturales y actividades económicas continúan fuertemente reguladas o reservadas al nivel central del Estado. Esto genera una tensión entre el reconocimiento del autogobierno y la capacidad efectiva de los Pueblos Indígenas para decidir sobre procesos que afectan directamente sus territorios.

Existen, no obstante, experiencias que muestran posibilidades de ampliar esta capacidad de acción. En Charagua Iyambae se han desarrollado mecanismos para intervenir en la defensa territorial y en procesos relacionados con la protección de áreas de conservación. En el Ayllu Jatun Ayllu Yura, las organizaciones han planteado demandas relacionadas con los beneficios económicos derivados de actividades hidroeléctricas desarrolladas en su territorio. En Challa, la creación del Consejo de Justicia abre posibilidades para fortalecer el papel de las autoridades originarias en la resolución de conflictos.

Reunión de las autonomías indígenas de Tierras Altas en Raqaypampa. En la actualidad, los gobiernos autónomos indígenas se hallan en un proceso de construcción y fortalecimiento de mecanismos propios de gestión pública. Foto: CENDA / Betzabé Saca Choque 

Del autogobierno al Estado Plurinacional: un horizonte por construir

La trayectoria de las autonomías indígenas en Bolivia puede entenderse como un proceso que va de la reivindicación territorial a la búsqueda del poder para gobernar el territorio. Primero, a través de la defensa, movilización social y recuperación del territorio; segundo, a partir de la recuperación y fortalecimiento de autoridades y mecanismos propios; tercero, con la participación y apropiación de espacios de gestión municipal; y finalmente, tras la sanción de una nueva Constitución Política, por la institucionalización del autogobierno mediante las autonomías indígenas.

El resultado es significativo y se observa en la constitución de nueve gobiernos indígenas, con estatutos, estructuras institucionales, mecanismos de democracia comunitaria, representación territorial y, experiencias de articulación entre formas históricas de autogobierno y gestión pública. A pesar de muchas limitaciones, estos avances están contribuyendo a la construcción del Estado Plurinacional, aunque sea de manera minimalista, y también a la efectivización de la democracia intercultural. El desafío sigue siendo avanzar hacia un autogobierno real y un control territorial efectivo.

Sin embargo, el reconocimiento institucional del gobierno indígena no es sinónimo de autogobierno. El desafío actual consiste en consolidar las nuevas instituciones para que contribuyan efectivamente a transformar las relaciones de poder y, al mismo tiempo, potenciar las estructuras territoriales indígenas como espacios de decisión política. En última instancia, se trata de transitar del gobierno formal al ejercicio efectivo de la autoridad sobre el territorio y, desde allí, contribuir a la construcción del Estado Plurinacional.

Fredy Villagómez es director del Centro de Comunicación y Desarrollo Andino (CENDA) y licenciado en Sociología por la Universidad Mayor de San Simón (UMSS). Además, fue director del Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) y cuenta con larga experiencia en autonomías indígenas, gestión territorial, democracia comunitaria intercultural, representación directa y, derecho a la consulta previa, libre e informada.