La autonomía marina y terrestre del pueblo Gunadule en Panamá

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Para los gunas, la Abuela Mar forma parte de su identidad. No es solo una frontera, sino una prolongación vital de la Madre Tierra que les provee una infinidad de recursos. A un siglo de la conquista de su autonomía, los gunas enfrentan el desafío del cambio climático que aumenta el nivel del agua y afecta a su territorio conformado por islas y costas. De cara al futuro, observan con atención los proyectos de infraestructura, la formación de sus jóvenes y la falta de espacio físico en las islas.

La autonomía del pueblo Gunadule se consolidó en 1925 con la Revolución Dule o Bila Igala. Este acontecimiento sentó un precedente pionero para todos los Pueblos Indígenas de América Latina, al obligar a un Estado nacional a reconocer los derechos territoriales y culturales de un Pueblo Originario. En la actualidad, su legado sigue vivo a través del autogobierno en sus tres comarcas: Gunayala, Madungandi y Wargandi, así como en el territorio ancestral de Dagargunyala, y en los territorios de Arquia y Caimán Nuevo en Colombia.

Gunayala abarca tanto la tierra como el mar. A través de la negsedi (autonomía), el pueblo Gunadule controla el territorio terrestre, el espacio marino, las islas y los recursos marinos de Muubilli (la Abuela Mar). De esta forma, frente al acelerado impacto del cambio climático, regulamos la pesca, el transporte terrestre y marino, y el turismo bajo nuestras propias normas. La Comarca Gunayala ha consolidado su autonomía a través de sus dos Congresos pilares: el Congreso General, que es político y administrativo, y el Congreso de la Cultura. En este marco, surgen leyes autónomas vitales, como las destinadas al cuidado de Nabgwana (Madre Tierra) y Muubilli, que son el corazón de la economía, la alimentación y el bienestar. 

En la actualidad, es urgente replantear la salud y la educación para fortalecer la autonomía del pueblo Gunadule. Si bien ha habido un avance significativo en la formación de profesionales guna, este esfuerzo ha sido insuficiente para lograr la autodeterminación, pues ha fortalecido el modelo estatal en lugar de los sistemas propios. Los modelos de salud y educación actuales imponen una visión colonial y eurocéntrica de control estatal. Estos sistemas ignoran la medicina sagrada y el conocimiento milenario gunadule. Por eso, nuestro pueblo Gunadule debe unirse y dialogar para crear sus propios sistemas de salud, educación y manejo territorial. Estos deben basarse en su sabiduría y en el espíritu de la gesta de 1925.

Negsedi Igala y Muubilli: la autonomía territorial y marina

La autonomía guna es un proceso histórico de luchas, negociaciones y acuerdos de paz arraigados en la historia del pueblo Gunadule. Se consolidó en 1925 como una respuesta en defensa de su identidad, espiritualidad y la mola (la vestimenta tradicional de la mujer), frente a las políticas de aculturación e imposición forzada del gobierno panameño de la época. En lo respectivo al autogobierno, los Congresos Generales Guna son las máximas instancias políticas, administrativas, culturales y espirituales. Estos son los responsables de controlar los recursos, regular la agricultura, planificar las inversiones y administrar el uso de la tierra en la comarca.

En tanto, nuestra mirada sobre Muubilli (la autonomía marina) radica en una visión integral: el mar no es solo una frontera, sino una prolongación vital de la Madre Tierra. El mar es una parte indivisible de la identidad, sustento y supervivencia ancestral. La responsable de ejercer la autonomía es la Secretaría de Transporte Marítimo del Congreso General Guna, que coordina la navegación y las actividades comerciales en el mar territorial. En consecuencia, las actividades turísticas como cabañas, botes y guías también operan bajo las normas del Congreso Guna y de las autoridades locales. Y lo mismo ocurre con las normas comunitarias de conservación y vedas de pesca artesanal de langostas, centollos y el caracol rosado, con el objetivo de evitar la explotación externa.

Sin embargo, la defensa del territorio marítimo continúa siendo uno de los principales desafíos para la autonomía gunadule. En 1987, el Congreso General Guna proclamó el territorio terrestre y marino como Reserva de la Biosfera y Sitio de Patrimonio Mundial de Kuna Yala, pero el Estado panameño no reconoció la integralidad de Muubilli. En su lugar, mediante la legislación de 1994, únicamente declaró un sector del corregimiento de Narganá como Área Silvestre Protegida, dejando sin reconocimiento la concepción integral del territorio marítimo sostenida por el pueblo Gunadule.

Las amenazas y los retos de la autonomía

Como en otros territorios de América Latina, el principal desafío son los megaproyectos. Actualmente, se revisa el Contrato de Autorización para el aterrizaje del cable de fibra óptica submarina ARCOS-1, el cual pasa por la región insular de Gunayala. Mientras los beneficios favorecen a empresas internacionales, las comunidades guna no tienen acceso a internet. Paralelamente, se desarrolla el Proyecto Binacional Gubernamental: una iniciativa entre Colombia y Panamá denominada Corredor Ambiental Sostenible, que incluye el Proyecto de Interconexión Eléctrica entre ambos países, tanto por mar como por tierra.

Asimismo, se proyectan dos carreteras: entre Mordi y Sasardi Muladub, sujeta al proyecto de interconexión eléctrica; y una segunda desde Usdub-Ogobsuggun a Wala-Nurra, impulsada por varias comunidades y que podría alterar el ecosistema ambiental. Finalmente, se observa un aumento de operadores de yates y veleros que están monopolizando el turismo marino. Todos estos proyectos son objeto de análisis y deliberación por parte de las autoridades guna, quienes evalúan su compatibilidad con las normas propias y con la preservación del territorio de Gunayala.

Un segundo reto radica en el crecimiento demográfico. Actualmente, falta espacio físico en las islas, lo que se suma al desafío de manejar los desechos y proteger los arrecifes marinos.

Un reto radica en el crecimiento demográfico. Actualmente, falta espacio físico en las islas, lo que se suma al desafío de proteger los arrecifes marinos.

En cuanto a los retos de la autonomía, el principal es el cambio climático. El aumento del nivel del mar ha obligado a planificar la reubicación histórica de comunidades insulares hacia tierra firme, como ocurrió con el traslado de la isla de Gardi Sugdub. Asimismo, la comunidad de Ugguba tuvo que ser trasladada a otro sector de la costa debido a las inundaciones y el impacto de las olas. En consecuencia, hemos desarrollado un Plan Estratégico de Gunayala (PEGY), que vincula la tierra y el mar para lograr la consolidación de la Comarca de la Biosfera de Gunayala.

Un segundo reto radica en el crecimiento demográfico. Actualmente, falta espacio físico en las islas, lo que se suma al desafío de manejar los desechos y proteger los arrecifes marinos. Asimismo, estamos sufriendo la salida constante de comuneros hacia las ciudades fuera del territorio debido a la falta de empleo y estudio, acordes con la realidad comarcal. Finalmente, debemos adaptar a las nuevas generaciones a la modernidad a través de la Educación Intercultural Bilingüe (sin perder el arraigo del pueblo Gunadule), formar a los jóvenes en la defensa de la autonomía, promover el buen uso de la inteligencia artificial (IA) y, fomentar la producción agrícola y la pesca artesanal sostenible para alcanzar la soberanía alimentaria.

Reforzar la casa

La autonomía indígena está latente. En el caso del pueblo Gunadule, se ha señalado que es hora de emprender una nueva Bila (revolución); ya no mediante las armas, sino a través de la palabra, la historia y la sabiduría. Como lo expresan los sabios guna: “Anmar Bila Nongi Uroe” (“Nuestra lucha será con la sabiduría”). En esta etapa, la resistencia se desplaza de la confrontación física hacia la defensa del territorio mediante el conocimiento, la formación académica, la organización comunitaria y la acción política, preparando a las nuevas generaciones para preservar la autonomía gunadule.

Los principales desafíos contemporáneos que enfrenta la autonomía de Gunayala son bastante claros: la defensa de Muubilli, la protección de los conocimientos y saberes ancestrales, y el fortalecimiento de la Negsedi. Frente a este panorama, decimos que el Bila Igar (camino de la guerra) está en el espíritu de cada gunadule: está en el cuerpo, en la sangre y, en el tejido que continúa guiando la defensa de la vida, el territorio y la autonomía del pueblo Gunadule.

Bernal Damián Castillo Díaz es antropólogo e historiador de origen gunadule. Es docente en la Universidad de Panamá, investigador del Instituto de Patrimonio del Pueblo Guna y del Centro de Desarrollo Ambiental y Humano (CENDAH), y director de la Oficina de los Pueblos Indígenas de la Universidad de Panamá (OPINUP).