El desplazamiento forzado de los mayangna de Nicaragua

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Mulher da comunidade Tuburus. Foto: Miguel González

Desde el regreso de Daniel Ortega al poder en 2007, los Pueblos Indígenas enfrentan la afectación arbitraria de sus títulos de propiedad comunal y la cooptación de estructuras organizativas indígenas. Desde el 2013, el pueblo Mayangna sufre una violencia sistemática de la mano de la invasión de colonos, la tala indiscriminada y la minería ilegal. En este contexto, el desplazamiento hacia otros países de la región se vuelve imperioso para preservar la vida. Dejar su territorio trae consecuencias a largo, mediano y corto plazo, sobre todo porque es la mayor riqueza heredada. Si bien en el exilio pueden preservar sus vidas, sufren cotidianamente condiciones de alta vulnerabilidad.

Los mayangna son un Pueblo Indígena originario de la Costa Caribe de Nicaragua, cuya presencia en el territorio se remonta a tiempos inmemoriales, mucho antes de la colonización europea. Actualmente, se encuentran en la Región Autónoma de la Costa Caribe Norte (RACCN), la Región Autónoma de la Costa Caribe Sur (RACCS) y en algunas zonas de la región central del país, como Chontales, Boaco, Matagalpa y Nueva Segovia.

El término Mayangna proviene de su propia lengua y puede interpretarse como “hijos del sol”, “somos del sol” o “somos de lo alto”. Estos conceptos están profundamente enraizados en su cosmovisión, la cual gira en torno a sus dioses creadores: Adu (el sol) y Udu (la luna). Aunque en documentos coloniales y textos antropológicos se utilizó el término Sumu, este fue una imposición externa (española e inglesa) y hoy es rechazada por el pueblo, que se identifica como Mayangna balna (“el pueblo Mayangna”). Hoy en día, el pueblo Mayangna se organiza según sus cuatro variantes etnolingüísticas: Panamahka, Tuahka, Yuskuh y Ulwa.

Existen tres posibles explicaciones sobre la primera migración histórica de los mayangna. Una primera teoría sostiene que somos originarios de la Gran China o Japón, dado que compartimos fuertes vínculos de parentesco, y que migramos  a través del estrecho de Bering para sobrevivir a la guerra entre grupos dominantes. La segunda teoría afirma que provenimos de la zona mesoamericana, sobre todo, del actual territorio de México. Finalmente, la tercera teoría plantea que somos del sur, lo que hoy corresponde a la frontera entre Colombia y Venezuela, donde existen Pueblos Indígenas con características similares.

Además de las condiciones estructurales de pobreza, los Pueblos Indígenas de Nicaragua han sufrido el crecimiento de la violencia amparada por el Gobierno. Foto: IWGIA

Cosmovisión mayangna

Más allá de la teoría sobre los orígenes, históricamente los mayangna se asentaron en áreas de difícil acceso, como las cabeceras de los ríos Waspuk, Wawa, Pispis, Tungki, Uli, Lakus, Bocay y Grande de Matagalpa. Esta ubicación les ha permitido preservar su cultura, idioma y organización tradicional. En la actualidad, existen 76 comunidades organizadas en nueve territorios, con una población estimada de 45.000 personas. La mayoría de estos territorios cuentan con títulos de propiedad comunal emitidos por el Estado, respaldados por la Ley 28 de Autonomía Regional y la Ley 445 sobre el Régimen de Propiedad Comunal.

Para el pueblo Mayangna, el capital natural es tan sustancial que se resume en la vida misma: constituye el medio de vida heredado por los ancestros milenarios y tiene un valor incalculable. Este capital comprende desde la disponibilidad de agua hasta la calidad del aire, e incorpora de manera implícita elementos abióticos como la lluvia y el caudal de los ríos. La cosmovisión trasciende el razonamiento científico o ecológico, ya que se fundamenta en una dimensión espiritual que se complementa para equilibrar la vida. 

Por eso, el territorio es la mayor riqueza heredada para el pueblo Mayangna, no sólo por el espacio geográfico, sino por el valor ancestral: allí han pervivido, en armonía con la naturaleza, incontables generaciones de antepasados que viven en la memoria histórica de las actuales generaciones. En consecuencia, el territorio es también el lugar donde descansan los espíritus de abuelos y abuelas, los espíritus de las montañas y los bosques. Más que un recurso, es el hogar del pueblo Mayangna.

Los ancianos cumplen un rol fundamental en la transmisión del conocimiento ancestral a las nuevas generaciones y son quienes más sufren el desplazamiento forzado. Foto: IWGIA

Organización y territorialidad

La estructura organizativa tradicional del pueblo Mayangna siempre ha sido la figura de sukia o ditalyang: el dirigente espiritual o conocedor de los secretos de la naturaleza que está destinado a liderar el destino de cada pueblo y comunidad. Era escogido mediante ceremonias ancestrales en sitios sagrados, como el cerro Asanh rarah, Kumapaitah y Saubi. La elección era determinada por sus conocimientos sobre astros, medicina, predicción y proyección. En la década de 1970, se instaura una nueva forma de administración: el sautatuna (síndico comunal o encargado de propiedad) y el wisyan (juez comunal).

Cabe señalar que, debido a la falta de inclusión al pueblo Mayangna por parte de los dirigentes miskitus en tiempos de crisis y relevo, se vivieron experiencias y tomas de decisiones para dar un paso diferente al pasado sin perder la originalidad ni la identidad. Por ello, se retomó la figura jurídica de asociación y se legalizó a Sukawala como la organización vinculante para todas las comunidades mayangna a nivel nacional. En coordinación con las autoridades tradicionales, se consolidó una nueva forma de gobernanza, visto como una etapa de transición entre la organización tradicional y la figura jurídica legal.

En 1994, la experiencia Sukawala fortaleció los espacios de expresión de la mujer y los jóvenes mayangna, y los guiriseros artesanales (mineros), y dio lugar a nuevas organizaciones: Masaku, Matumbak, Amasau Iyamsak, Adesmir, Aumnic y Comjubo. Sin embargo, con la victoria de Daniel Ortega en 2006, comenzó el desmoronamiento de estas organizaciones indígenas debido a la supresión de cambios estructurales en la dinámica de gobernanza comunitaria. Mientras se sustituyó la figura de asociación por la de Gobiernos Territoriales Indígenas (GTI), la organización Sukawala se dividió en tres: Nación Mayangna, AMDES y Mawarat. 

Los Pueblos Indígenas de Nicaragua gozan de un territorio rico en biodiversidad y alimentos. Sin embargo, esta riqueza natural es asediada por la invasión de colonos, la tala indiscriminada y la minería ilegal. Foto: Miguel González

El régimen de Nicaragua y la migración mayangna

Desde el regreso de Daniel Ortega al poder, Nicaragua ha experimentado un giro autoritario que ha tenido un grave impacto sobre los Pueblos Indígenas. Las principales afectaciones incluyen la eliminación arbitraria de títulos de propiedad comunal, la cooptación de estructuras organizativas indígenas en movimientos políticos y la imposición de los GTI subordinados al poder central y fines partidarios. Por otra parte, desde 2013, los territorios mayangna han sufrido violencia sistemática: invasiones armadas de colonos ilegales; la tala y la minería ilegal; asesinatos y secuestros; desplazamientos forzados de comunidades; y la criminalización de líderes y guardabosques indígenas.

En este sentido, se han documentado ataques a las comunidades Saubi (2016), Wilu (2017), Alal (2021) y Kitangsar (2018 y 2022). En total, se contabilizan 24 personas indígenas asesinadas (muchas de ellas eran líderes comunitarios) y nueve guardabosques encarcelados por defender sus territorios. Además, el régimen ha promovido la apropiación de tierras mediante asociaciones alineadas al gobierno, como Achacomjubo, Arnig y Copamar. Como si esto fuera poco, los líderes que denunciaron estas violaciones tuvieron que enfrentar la persecución pública, la cárcel o el exilio en el extranjero.

La migración ambiental se da por la invasión a los territorios por parte de colonos, las concesiones mineras, el  avance de la frontera agrícola y la ganadería extensiva.

La migración ambiental se da por la invasión a los territorios por parte de colonos, las concesiones mineras, el  avance de la frontera agrícola y la ganadería extensiva.

Durante el enfrentamiento entre el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y la dictadura de Anastasio Somoza Debayle, el pueblo Mayangna emigró hacia el norte del país, Honduras y Estados Unidos. Esta ola migratoria ha sido una de las más fuertes de Centroamérica. Cuatro décadas después, Nicaragua volvió a vivir una crisis similar a partir de 2015 y, especialmente, la profundización de la violencia estatal en 2018. En este contexto, personas y familias enteras han emigrado fuera de Nicaragua para asegurar sus vidas y sobrevivir. 

En el caso concreto de los Pueblos Indígenas en Aislamiento y Contacto Inicial (PIACI), el fenómeno migratorio se da por razones ambientales, políticas, económicas y culturales. En primer lugar, la migración ambiental se da por la invasión a los territorios por parte de colonos, las concesiones mineras, el  avance de la frontera agrícola y la ganadería extensiva. En segundo lugar, encontramos la persecución a activistas indígenas, líderes y personas opositoras, que se refleja en el encarcelamiento de 24 mayangna y tres miskitus. Tercero, observamos la falta de oportunidades de empleo que aseguren el sustento. Y, finalmente, el temor a un posible plan de exterminio contra los PIACI debido a su lucha y resistencia.

Yucal en la comunidad Alamikangban. Desde 2023, el pueblo Mayangna sufre asesinatos, secuestros y criminalización de sus líderes y guardabosques. Foto: IWGIA

Las huellas imborrables de la migración

A partir de la crisis del país, muchas personas, sin importar su estatus social, han sido afectadas de manera desproporcionada, lo cual ha traído pérdidas de bienes económicos, reducción de espacios laborales y, el abandono y separación familiar. Asimismo, quienes intentan oponer a las políticas y la deriva autoritaria, sufren la persecución, el asesinato, la cárcel y el destierro. De este modo, la afectación es tanto económica como emocional.

En este contexto, se estima que han migrado más de 9000 miskitus, 350 mayangna, 50 ramas, 30 garifunas y 10 chorotegas. La mayoría de ellos se da hacia Costa Rica, que es un considerado uno de los países que más respeta las garantías políticas en toda Latinoamérica. Si bien no se cuenta con datos precisos dado que muchos de los desplazamientos se dan de forma secreta o clandestina para evitar la persecución política, lo alarmante de estas cifras es que van en aumento año tras año.  En el caso del pueblo Mayangna, se considera que gran parte de las personas que migran lo hacen buscando refugio por la persecución política que sufren.

Aunque no existe un exilio masivo, los mayangna se desplazan debido a la presión de la colonización y la violencia generada por el gobierno. Así, se ven obligados a buscar refugio y nuevas oportunidades en tierras ajenas.

Aunque no existe un exilio masivo, los mayangna se desplazan debido a la presión de la colonización y la violencia generada por el gobierno.

El efecto de la migración deja huellas imborrables a corto, mediano y largo plazo, tanto para las personas migrantes y sus familias como para el lugar de abandono. En consecuencia, las comunidades mayangna sufren cambios culturales y sociopolíticos que llevan a un proceso de desestructuración, reconfiguración social y resurgimiento de nuevos habitus

Es importante señalar que no existe un “exilio” formal. No hay un registro oficial que documente el exilio masivo de los mayangna, ni hacia Honduras en 1970 ni hacia Costa Rica en 2018. Más bien se trata de un desplazamiento gradual, pero constante, debido a los problemas relacionados con la tierra y la autonomía de los Pueblos Indígenas. En resumen, aunque no existe un exilio masivo, los mayangna se desplazan debido a la presión de la colonización y la violencia generada por el gobierno. Así, se ven obligados a buscar refugio y nuevas oportunidades en tierras ajenas.

Los desplazamientos forzados separan a las familias, lo que genera un impacto considerable en la cultura y las estructuras sociopolíticas del pueblo Mayangna. Foto: IWGIA

Situación de la población mayangna en el exilio costarricense

A partir de 2018, los especialistas observan la presencia de una segunda ola migratoria Mayangna, que se ha acelerado luego de 2023. En este nuevo desplazamiento, numerosas familias mayangna han huido hacia Costa Rica, Panamá, Salvador y Estados Unidos con el objetivo de escapar de la represión estatal y la violencia armada de los colonos en sus comunidades. En Costa Rica, se estima la presencia de, al menos, 60 familias mayangna, que están dispersas  por todo el país y se encuentran en una situación de alta vulnerabilidad.

Las principales dificultades que enfrentan en el extranjero son la falta de empleo y el bajo nivel educativo, la imposibilidad de acceso a tierras y vivienda digna, las barreras lingüísticas (especialmente entre las mujeres mayores), la ausencia de atención diferenciada en el sistema de refugio costarricense y la situación de vulnerabilidad debido a la falta de atención adecuada. A esta situación, se suma el efecto nocivo del endurecimiento de las políticas migratorias del gobierno de Donald Trump. La invisibilidad de los mayangna como grupo indígena en los sistemas de protección internacional agrava su exclusión, ya que muchas instituciones priorizan el conocimiento y atención a un solo pueblo indígena, dejándolos sin respuestas adecuadas.

La Asociación Mayangna para el Desarrollo Social fomenta el diálogo intercultural, la representación de los mayangna en el exilio y los procesos de inclusión social, cultural y económica en Costa Rica.

AMDES fomenta el diálogo intercultural, la representación de los mayangna en el exilio y los procesos de inclusión social, cultural y económica en Costa Rica.

Ante la falta de representación autónoma, la población mayangna en el exilio ha reorganizado la Asociación Mayangna para el Desarrollo Social (AMDES). Constituida de manera anónima como medida de protección frente a la represión estatal, esta organización opera desde Costa Rica y se ha convertido en la principal estructura de representación, denuncia y defensa del pueblo Mayangna. Y aunque no cuenta con personería jurídica propia, trabaja con el respaldo legal de organizaciones aliadas. 

En este momento, la Asociación Mayangna para el Desarrollo Social desarrolla acciones clave que incluyen el acompañamiento y la asistencia a migrantes mayangna; el establecimiento de redes de apoyo y protección para familias desplazadas; la documentación de denuncias y la visibilización de violaciones de derechos humanos ante organismos nacionales e internacionales; y la formación comunitaria en derechos, liderazgo y participación indígena. De este modo, AMDES fomenta el diálogo intercultural, la representación de los mayangna en el exilio y los procesos de inclusión social, cultural y económica en Costa Rica.

Lusben Taylor P

Lusben Taylor P es miembro del pueblo Mayangna y líder exiliado.