En el corazón de África Central se encuentra el segundo bosque tropical más grande del mundo después de la Amazonía. Se extiende por varios países y, además de albergar una extraordinaria diversidad biológica, constituye uno de los mayores sumideros de carbono del planeta. La cuenca del Congo es un espacio de cultura e identidad para varios Pueblos Indígenas de la región y de Camerún. Los bosques tropicales ecuatoriales son los territorios ancestrales del Pueblo Indígena Baka, cuya presencia y conocimientos están estrechamente vinculados a estos ecosistemas.
Para el Pueblo Indígena Baka, el bosque no es simplemente un área que debe conservarse ni una fuente de recursos económicos que puede explotarse. Es su territorio ancestral, fuente de su espiritualidad y sustento de sus medios de vida: plantas medicinales, miel, pescado, animales de caza y productos forestales no maderables. Los sistemas de conocimientos se transmiten de generación en generación. El territorio Baka incluye la Reserva de Fauna de Dja, declarada Reserva de Biosfera y Patrimonio Mundial por la UNESCO y reconocida por su rica biodiversidad y sus bosques tropicales intactos. La profunda relación entre el bosque y el pueblo Baka, sus conocimientos ecológicos y sus prácticas tradicionales constituyen una parte importante del patrimonio cultural de la región.
Sin embargo, esta relación de larga data se encuentra sometida a presiones cada vez mayores. En distintas zonas del sur y el este de Camerún, los territorios forestales se ven afectados por la explotación maderera, la expansión agrícola, las actividades extractivas, el desarrollo de infraestructura y la ampliación de las áreas de conservación. A medida que el bosque se deteriora, el pueblo Baka debe recorrer distancias cada vez mayores para encontrar determinados frutos, plantas medicinales y otros productos forestales no maderables. Los peces y los animales de caza son cada vez más escasos, mientras que el acceso a determinadas áreas utilizadas tradicionalmente se vuelve más difícil.
En el sur y el este de Camerún, las restricciones al acceso a los recursos forestales y las dificultades relacionadas con la garantía de los derechos sobre la tierra afectan directamente los medios de vida de las comunidades. El pueblo Baka depende en mayor medida de los productos forestales no maderables y la disminución de los recursos, especialmente cuando es consecuencia de restricciones al acceso al bosque, puede alterar profundamente sus patrones de producción y consumo. Esta situación demuestra que la protección de los bosques no puede separarse de la garantía de los derechos territoriales de los Pueblos Indígenas que dependen de ellos.

Cuando la conservación se convierte en una cuestión de justicia
El desafío resulta particularmente evidente en determinadas áreas protegidas. La conservación de la biodiversidad es esencial para preservar los bosques de la cuenca del Congo, pero los modelos de conservación que excluyen a las poblaciones indígenas de sus territorios pueden tener efectos adversos sobre los derechos humanos. Investigaciones realizadas en el sur y el este de Camerún han documentado las consecuencias socioeconómicas de los modelos de “conservación de fortaleza”, en los que las comunidades Baka tienen escasas posibilidades de negociar su acceso a las áreas forestales.
Por lo tanto, la cuestión no es elegir entre los bosques y las comunidades indígenas, sino cómo proteger el bosque junto con estas comunidades. El pueblo Baka posee conocimientos ancestrales sobre las especies, los ciclos estacionales, las fuentes de agua, las plantas medicinales y, las zonas de caza y recolección. Estos conocimientos constituyen un patrimonio ecológico que puede contribuir a los objetivos de conservación. Al mismo tiempo, las comunidades indígenas deben ser consideradas titulares de derechos y no meramente beneficiarias de proyectos ambientales.
Este enfoque requiere, en particular, garantizar la participación efectiva y significativa del pueblo Baka en las decisiones relativas a sus territorios. Además, los gobiernos de la región deben respetar su derecho al Consentimiento Libre, Previo e Informado cuando las medidas o los proyectos puedan afectar sus tierras, recursos o modos de vida.

La conservación basada en derechos
La experiencia de la African Indigenous Women Organization Central African Network (AIWO-CAN) demuestra que la participación indígena puede adoptar formas muy concretas. En 2010, un grupo de lideresas indígenas baka y bagyeli participaron en la creación de un jardín de bosque tropical presentado en el Chelsea Flower Show de Londres. Las mujeres dieron a conocer sus tradiciones, así como los desafíos que enfrentan sus comunidades: la deforestación, la expansión industrial, la discriminación y la pérdida de acceso a la biodiversidad de sus bosques. También se incorporaron al proyecto mapas elaborados por el pueblo Baka para representar sus usos tradicionales del bosque.
Este ejemplo es importante porque demuestra que los Pueblos Indígenas pueden documentar la relación con sus territorios y transmitir sus propios mensajes en espacios internacionales. Un mapa, por lo tanto, no es simplemente una herramienta técnica: se convierte en un medio para visibilizar un territorio y formas de uso del bosque que pueden estar ausentes de los mapas administrativos o de los planes de gestión.
Un proyecto de conservación no puede ser sostenible si las comunidades afectadas no cuentan con medios para plantear sus preocupaciones, cuestionar una decisión o solicitar reparación cuando consideran que sus derechos han sido vulnerados.
Un proyecto de conservación no puede ser sostenible si las comunidades afectadas no cuentan con medios para plantear sus preocupaciones.
Más recientemente, el paisaje de Dja ofrece un ejemplo interesante de este avance hacia una gobernanza más inclusiva. En el marco del programa GEF-8 dedicado al paisaje de Dja, AIWO-CAN recibió el encargo de contribuir al establecimiento de un Mecanismo de Atención de Quejas y Reclamos , diseñado para que los Pueblos Indígenas y las comunidades locales puedan expresar sus preocupaciones y acceder así a un mecanismo de reclamación accesible. Este mecanismo está concebido como complemento del proceso de Consentimiento Libre, Previo e Informado de los Pueblos Indígenas.
Esta experiencia resulta especialmente importante para la conservación de la cuenca del Congo. Un proyecto de conservación no puede ser sostenible si las comunidades afectadas no cuentan con medios para plantear sus preocupaciones, cuestionar una decisión o solicitar reparación cuando consideran que sus derechos han sido vulnerados. El establecimiento de mecanismos de diálogo y reclamación culturalmente apropiados puede, por lo tanto, transformar la conservación: pasar de un modelo en el que las comunidades indígenas son pensadas desde un rol pasivo a otro en el que pueden participar, cuestionar, proponer y exigir rendición de cuentas.

Las mujeres indígenas en el centro de la conservación
La participación de las mujeres también es fundamental. Las mujeres indígenas de Camerún desempeñan un papel importante en la transmisión de conocimientos relacionados con las plantas, la alimentación, la medicina tradicional y el uso de los recursos naturales. Asimismo, se ven directamente afectadas por las consecuencias económicas y sociales de la degradación de estos recursos.
La experiencia de AIWO-CAN demuestra la importancia de fortalecer sus capacidades para que las mujeres indígenas puedan participar en los procesos de toma de decisiones, defender sus derechos territoriales y contribuir a las políticas climáticas y ambientales. Este enfoque resulta especialmente pertinente en el contexto de la cuenca del Congo, donde la conservación y la adaptación al cambio climático deben basarse en las realidades de las comunidades.
La conservación sostenible de la cuenca del Congo debe ser una conservación basada en derechos: una conservación que proteja los ecosistemas sin desplazar a los Pueblos Indígenas que tradicionalmente los han protegido.
La conservación sostenible de la cuenca del Congo debe ser una conservación basada en derechos: una conservación valore los conocimientos indígenas.
El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal ofrece una oportunidad importante para repensar las políticas de conservación desde un enfoque basado en derechos. Su implementación en Camerún no debería evaluarse únicamente en función del número de áreas protegidas o de especies conservadas, sino también del grado en que se garantizan los derechos y la participación de los Pueblos Indígenas.
Por lo tanto, alcanzar los objetivos mundiales de conservación no debería conducir a una mayor exclusión de las comunidades indígenas de los bosques. Por el contrario, las políticas de biodiversidad deberían reconocer sus conocimientos, garantizar su participación efectiva y significativa, proteger sus territorios y asegurar su intervención en las decisiones que afectan sus tierras y recursos. La 17° Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica ofrece una oportunidad para recordar que la conservación de la cuenca del Congo no puede separarse de los derechos de los pueblos que la habitan.

Hacia una conservación con los Pueblos Indígenas
Toda esta situación pone de manifiesto una realidad fundamental en materia de derechos humanos. La pérdida del acceso a los territorios forestales, o las restricciones impuestas sobre este, afectan los derechos a la cultura, la alimentación, la salud y los medios de vida de los Pueblos Indígenas de la Cuenca del Congo. En el mismo nivel, afecta el derecho a participar en las decisiones relativas a sus tierras y recursos naturales. Finalmente, la deforestación del bosque también puede socavar la transmisión de los conocimientos ancestrales.
El futuro de los bosques de la cuenca del Congo no dependerá únicamente de las políticas forestales, las inversiones internacionales o la ampliación de las áreas protegidas. También dependerá de la capacidad de los Estados y de los actores de la conservación para reconocer a los Pueblos Indígenas como socios en pie de igualdad y titulares de derechos. En Camerún, la experiencia del pueblo Baka demuestra que el bosque puede ser un espacio de subsistencia, cultura, transmisión de conocimientos y conservación de la biodiversidad. Las iniciativas a las que AIWO-CAN ha contribuido demuestran que la participación indígena puede materializarse de formas concretas: mapeo comunitario, participación en las políticas forestales, mecanismos de reclamación, Consentimiento Libre, Previo e Informado, y fortalecimiento del papel de las mujeres indígenas.
Por lo tanto, la cuestión ya no es simplemente cómo proteger los bosques de la cuenca del Congo, sino también quién decide sobre su futuro y qué garantías se ofrecen a quienes los han habitado durante generaciones. La conservación sostenible de la cuenca del Congo debe ser una conservación basada en derechos: una conservación que proteja los ecosistemas sin desplazar a los Pueblos Indígenas que tradicionalmente los han protegido, que valore los conocimientos indígenas sin explotarlos y que convierta a las comunidades indígenas de los bosques en verdaderos socios en la gobernanza de la biodiversidad.
Hawe Hamman Bouba es Magíster en Derechos Humanos por la Universidad Católica de África Central, comisionada de la Comisión de Derechos Humanos de Camerún y miembro del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones y Comunidades Indígenas de la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos (WGIP/ACHPR). Además, es Presidenta Ejecutiva de la African Indigenous Women Organisation Central African Network (AIWO-CAN).